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Ocaso de la nación

Agapito Maestre

Hemos llegado a tal degradación democrática que un socialista trasnochado, y al margen de los aparatos del poder del partido, como Leguina parece más sensato que toda la oposición del PP, que asiste callada a la muerte de la nación. (Volver)
lluviaen dijo el día 20 de Enero de 2010 a las 20:09:51:

LA PATRIA NO SE HACE; LA DEMOCRACIA, SÍ
EL MUNDO. LUNES 21 DE FEBRERO DE 1994
ANTONIO GARCÍA-TREVIJANO
A fuerza de no entender la naturaleza íntima de la cuestión nacional, ha llegado a creerse
que un conflicto político de orden particular, basado en último término en la diferencia
idiomática, puede resolverse con una fórmula indiferenciada de orden general. Sea la
solución autonómica o la federal. El prejuicio uniformador del Estado opera como en la
dictadura, pero al revés. Antes que admitir el hecho de, y el derecho a, la diferencia política
de una comunidad lingüística, ese prejuicio prefiere desconocer, con su grosera
generalización de las excepciones, la realidad y la idea histórica de España. El fracaso de la
solución autonómica en la amortiguación de las aspiraciones nacionalistas extiende la
opinión, más ingenua que perspicaz, de que el conflicto sólo se apaciguará con la
administración única en las autonomías o con la división de la soberanía en un Estado
federal. Es revelador que esas dos ideas generalizadoras no surjan del nacionalismo
lingüístico, y que nadie esté en condiciones de fijar las competencias necesarias para colmar
el techo autonómico, o los Estados subnacionales que se precisan para recomponer un
Estado federal. ¿Tantos como autonomías? La confusión en este terreno llega a ser
tenebrosa.
La raíz de tanto desvarío político se halla en la culpable persistencia cultural del concepto
subjetivo y prefascista de nación. Un concepto que Ortega importó del plebiscito diario de
Renan, con su bella tontería del «proyecto sugestivo de vida en común», y que José Antonio
consagró en su hitleriana «unidad de destino en lo universal». Concepto voluntarista de un
hecho existencial, como el de la familia o el paisaje donde nacemos, que lo mismo sirve de
pretexto al imperialismo de los «destinos manifiestos», que a la multiplicación de puestos
de mando para las élites provincianas capaces de hacer creer que la patria es un lugar que
«se hace» y no el nicho histórico donde se nace. La investigación del nacionalismo en la
moderna historia comparada ha destruido la hipótesis romántica de la identidad nacional. Y
ha probado que la manipulación del sentimiento nacional, en las comunidades lingüísticas
reprimidas, sólo es una de las formas políticas, más movilizadora que las basadas en
sentimientos de clase, de luchar por el poder en el Estado o frente al Estado. A partir de ahí,
sólo disponemos de una regla para medir el carácter progresista o reaccionario de la
administración única, la federación o la autodeterminación de las nacionalidades. La regla
de la democracia y de los derechos humanos.
Este patrón no coincide necesariamente con el criterio marxista de apoyar la libre
determinación de los pueblos con clases dirigentes más avanzadas que las del centro
político dominante. Pero antes de mirar la situación del poder autónomo respecto a la
democracia, en comparación con la del Estado, debemos dar por descontado que la
autodeterminación sólo ha podido realizarse, como hecho y no como derecho, cuando a una
tercera potencia internacional le ha convenido. Y si nuestro nacionalismo periférico afirma,
como si fuera un derecho natural, que nadie le ha preguntado si quiere estar o no en el
Estado español, y bajo qué modalidad, está diciendo una obviedad que podemos repetir al
pie de la letra los demás españoles. La pertenencia al Estado de los pueblos que alcanzaron
la unidad nacional antes de la revolución francesa no es el resultado voluntario de un pacto
entre gobernantes locales, ni de un plebiscito entre gobernados, sino un hecho involuntario
de la existencia colectiva que fue históricamente determinado por las luchas de poder en
Europa. Pero la forma del Estado, que no es un hecho existencial ni un producto de
principios permanentes, puede y debe ser variada para asentar la relación de poder entre
los pueblos de España en la democracia, y no, como ahora, en el inestable equilibrio de
oligarquías nacionales y locales.

teruelan dijo el día 20 de Enero de 2010 a las 19:15:06:

Me fió menos de Leguina que de ZP, ahora dice algo como que Montilla es charnego y tapándose la nariz le votaría, luego seguiría votándole solo por ser socialista, esta claro que la política no es un equipo de fútbol y que por mucho que pienses que el socialismo va arreglar algo y un presidente de comunidad hace lo que esta haciendo en Cataluña si yo fuese socialista lo denunciaría ya que es un partido nacional (al menos eso creo como el PP) sin embardo nos están dejando nuestra querida España como dice la canción, como el rosario de la aurora y empobrecida, estamos en manos de unos falaces políticos que les importa una M... lo que ocurra en su país ellos por suerte ya tienen sus pensiones y pueden irse a vivir a cualquier sitio

jkl127 dijo el día 20 de Enero de 2010 a las 19:14:19:

A d. Javier 56.

Permita que tome como excusa su misiva para tratar de responderle y de paso responderme a mi y a tanta gente que se hace la misma o similar reflexión que usted.

Durante la república una mayoría republicana como el Partido Radical fue destrozado por una campaña de propaganda, falsa y difamatoria, impulsada, -¡¿por quien si no?! - los socialistas (Prieto) y Azaña. La campaña provocó tal destrozo en el Partido Radical que desde entonces una formación política de ese estilo ya no ha vuelto a a parecer en el panorama político español. La campaña, archiconocida, se basó en el asunto des "estraperlo" y el "asunto Nombela". Una agitación que consiguió movilizar las masas y dar un vuelco al panorama político de aquel momento

Situación análoga vivimos en España con el 11M y el desalojo del poder del Partido Popular por el socialismo del lugar, que una y otra vez, después de faenas tan extruendosas y falsas consigue salir adelante, ¿haciendo que?: una vez mas, propaganda. Propaganda en el 36 que les llevaron a ¿ganar? las elecciones de aquel febrero, propaganda ahora que les ha dejado indemnes de todas las trapacerías y ocultaciones de pruebas, etc. del 11M, propaganda que les va a permitir salir indemnes de sus reiteradas colaboraciones con banda armada, la (pen)-última el chivatazo del Bar Faisán.

La propaganda realizada adecuadamente, consigue movilizar las masas y trasmitir a traves de los medios la idea de desorden y desbarajuste que los receptarios de la protesta reciben. No olvidemos las masas rodeando la sede del PP tras el atentado del 11M, convocatoria que no ha conseguido el PP contra el PSOE, nunca.

Por lo tanto, el que hay que hacer, está claro: propaganda movilizadora de las masas contra los que llevan a cabo esta "deconstrucción" (Felipe González pixie y dixit) de España (pienso tanto en el PSOE como en el PP), conseguir movilizar a la gente para que esa movilización se extienda por la calle como mancha de aceite, y sea llevada a las urnas, como votos, entodas las próximas contiendas electorales... y a ser posible, "para siempre jamás", como al Partido Radical durante la República.

Dicho el "que", quedaría por explicar el "como", y hablar ahora de la capacidad de convocatoria. Esta se logra a través de Entidades de mucha capacidad de comunicación o a través de la Prensa. ¿Ha visto usted alguna de tales Entidades, tratando de echar a la gente a la calle?.¿Ha visto usted a algún periódico tratando de movilizar a las masas contra este estado de cosas. Yo, desde luego, no. Solamente he visto a unos y a otros, sobre todo a otros (la prensa) defendiendo al Gobierno y al Partido Socialista hasta en lo indefendible. La prueba, el tiempo que han dedicado y dedican en sus espacios a la trama Gurtel y al chivatazo del Faisán: con el Gurtel estaban a todas horas, con el chivatazo a ETA, la prensa (salvo honrosas excepciones), no ha dicho absolutamente nada.

Así pues, una solución al que podemos hacer es el binomio Propaganda-Movilización: echar las gentes a la calle y lograr un volquetazo al panorama electoral actual que fuera de escándalo. Pero como reza el dicho: "¿quien le pone el cascabel al gato?".

Creo, sinceramente, que lo unico que queda por hacer, es acelerar el curso de la historia para que el número de parados aumente, y sean las masas hambrientas las que, con convocatoria o sin ella, echen a gorrazos a estos tios (gobierno y oposición) de sus puestos políticos actuales, y sean sustituidos por gente que no tenga la mancha ni las rémoras ni la mano tan larga como estos. Una vez mas, Marx nos viene a orientar sobre el que hacer.

berdonio dijo el día 20 de Enero de 2010 a las 18:39:11:

La nación española asiste abobada a la muerte política del Estado-nacional. El régimen “democrático” alumbrado en la Transición es el responsable en la medida que aceptó la provisional componenda falsaria y no quiso prever que constitución que con socialistas y nacionalistas se acuesta amanece inevitablemente violada.

La praxis política (por supuesto, no el pensamiento) marxista y nacionalista debió ser explícitamente prohibida por la Constitución ya que son doctrinas esencialmente anticonstitucionales; no hay nada extraño ni contradictorio en ello, dado que una cosa es defender la liquidación por las bravas de la Constitución y otra bien distinta el imposible de materializar este propósito respetando la misma. No se hizo, y lo que en “democracias” normales funciona (políticas social-demócratas y regionalistas, así como presencia testimonial de extremismos que nunca alcanzarán el poder) mediante fuertes instituciones que garantizan un respeto escrupuloso a la tradición y leyes fundamentales, aquí sólo funcionó mientras duró el pacto tácito de no rebasar nunca el marco minimalista; pacto vigilado por instituciones sin tradición liberal, a cual más lábil y vulnerable.

La involución en curso estaba cantada desde un principio porque no se quiso ver que ideologías anticonstitucionales por definición, ávidas de venganza e incompatibles con una democracia liberal sólo esperaban su momento, bajo la piel de cordero democrático, para dar el hachazo.

En mi opinión, mientras no comprendamos que lo característico de una democracia es el imperio de la ley, la limitación del poder, y no el sufragio universal, no avanzaremos nada. Y limitación del poder es limitación de la política, blindaje de la esfera individual frente a la voracidad del monstruo público. Pero es más fácil comprender que España está en peligro, razón suficiente.

javier56 dijo el día 20 de Enero de 2010 a las 12:18:57:

Excelente artículo don Agapito. El problema está en qué podemos hacer el resto, la inmensa mayoría, que sigue, seguimos, siendo españoles en lo más profundo de nuestro ser, que seguimos sintiendo y amando a España como nuestra en toda la rica diversidad de sus regiones. Yo tengo algo mío, y muy querido, en Vascongadas, y en Cataluña, y en Galicia, y en Asturias, y en Andalucía, y en ambas Castillas, y en Aragón, y en Valencia, y en Navarra, y en Murcia, y en la Rioja, y en Madrid, y en Santander y en las islas Baleares y Canarias, y en Ceuta y Melilla.... y, por supuesto, en mi querídisima tierra extremeña, que en estos días luce una extraordinaria y brillante diversidad de tonalidades verdes. No puedo evitar que se me humedezcan los ojos según voy escribiendo estas pobres palabras, porque como español no imagino una España amputada de alguna de esas regiones, con sus gentes de bien, con sus pueblos, con sus campos, con sus ríos y montañas.... Sí le digo, don Agapito, que mientras conserve algo de fuerza vital no dejaré, y creo que millones de españoles conmigo, que esta chusma política cleptocrática, desalmada y traidora rompa la casa familiar en la que los españoles hemos vivido durante siglos.
Saludos de un compañero universitario, que, como Vd., también ha sufrido las injusticias de este régimen cuasi totalitario que padecemos.

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