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3. El futuro: lo negativo

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Libertad Digital ha resumido en cinco artículos la conferencia Análisis de la economía cubana. Proyecciones para una reconstrucción pronunciada por su presidente en el ciclo que la Fundación Hispano Cubana dedicó al centenario de la constitución de la Isla.

Si difícil es analizar el presente, porque los datos fiables que tenemos son escasísimos, opinar sobre el futuro es tarea imposible. Sólo se puede aspirar a hacer un catálogo de los datos negativos y positivos que podrían producirse una vez que muera Castro o sea desalojado del poder.

Entre los factores negativos quizá el más importante sea la desaparición del Estado de derecho, en toda su extensión, y de la economía de mercado. No hay justicia, el código penal es un catálogo de arbitrariedades y desafueros, han desaparecido los títulos de propiedad, los Registros mercantiles y los catastros. No hay jueces con una formación adecuada y, sobre todo, la sociedad cubana ha olvidado cómo dirimir sus diferencias de una forma legal; todo se reduce, desde hace mucho tiempo, a decisiones autoritarias.

La destrucción de las clases dirigentes. Generación tras generación de dirigentes cubanos ha sido perseguida por Castro. Se ha utilizado, y se sigue utilizando, el asesinato, la prisión y la expulsión del país. Más de cuarenta años de política sistemática de persecución de todo el que disiente en aspectos políticos, culturales, sociales o económicos, deja una huella terrible en el paisaje.

El empeoramiento del nivel educativo. Todos los países del entorno de Cuba tienen hoy niveles parecidos de alfabetización y educación general. Cuba ya no es una excepción por su nivel educativo en Latinoamérica, como lo era antes del desgraciado triunfo de la revolución castrista. Peores profesores, ausencia de disciplina, desprestigio del sistema, carencias de materiales educativos, escasísimas posibilidades de una mejor formación profesional, carencia de estímulos; todo ello contribuye al deterioro de la calidad de la educación y de la formación en general.

Una población estancada. Es difícil crecer cuando la población se estanca o retrocede. Históricamente, en los pocos casos en los que ha ocurrido, cuando deja de crecer la población, y no hay corrientes inmigratorias, el crecimiento se paraliza. La población envejece, las necesidades sanitarias son cada vez mayores y sólo con una economía cada vez más productiva, se puede mantener o mejorar el nivel de vida.

El renacimiento del populismo y la extensión de la corrupción y el narcotráfico en Latinoamérica. Aunque son fenómenos diferentes, si Cuba consiguiera una transición o un golpe de estado democrático, se encontraría con un entorno político mucho menos favorable que el de hace unos pocos años. El fracaso de los experimentos políticos teóricamente liberales en Argentina, en Perú y Ecuador, la concesión a la guerrilla terrorista colombiana de una parte del territorio del estado por el incalificable Pastrana, la llegada al poder de Chávez, la extensión del narcotráfico en México y las incompletas reformas en Brasil, dibujan un entorno dificilísimo para los próximos años en Iberoamérica. Desgraciadamente para los cubanos, su tirano es apoyado por Chávez y sus petrodólares, y ha sido una referencia constante para Pastrana en sus tratos con la guerrilla terrorista.

El reparto de la economía entre las mafias internas. Castro decidió repartir en vida el botín de las empresas públicas entre los posibles sucesores, empezando por el ejército, para evitar. Desconocemos hasta qué punto está avanzado el proceso, pero es evidente que la transición a un régimen democrático va a ser mucho más difícil, porque los interesados en mantener las actuales estructuras de poder, o similares, son mucho más numerosos que antes. Probablemente ya no se trata sólo de los allegados más íntimos, de la familia y un estrecho círculo pretoriano. Es posible que una parte sustancial del ejército y la policía esté disfrutando ya del manejo de grupos de empresas en beneficio propio.

La destrucción de la infraestructura y el deterioro del parque de viviendas. Por increíble que parezca, Cuba sigue viviendo, en parte, de las infraestructuras construidas antes de la revolución. Y lo que más llama la atención es como siguen prestando servicios instalaciones construidas antes de 1959. Durante el castrismo sólo se invirtió unos pocos años, entre 1972 y 1982. El resto del tiempo no se ha invertido; se ha reparado parte de lo heredado y se han construido algunas industrias con tecnología soviética, que después ha sido imposible reparar.

La privatización de empresas públicas. En las transiciones a la democracia, o a la economía de mercado, una tradicional fuente de recursos para el presupuesto ha sido la venta de empresas públicas. Además de ingresos, se lograba algo más importante todavía: la modernización de los sectores privatizados que, en la medida en que invertían según las leyes del mercado, conseguían una mayor eficacia y una mejoría general de la economía de todo el país.

También aquí se ha adelantado el genio malévolo de Castro a lo que pudiera ocurrir tras su desaparición. Se ha privatizado, en porcentajes variables, el tratamiento y comercialización del tabaco, la producción de níquel y cobalto, la escasa producción de petróleo y gas, la red de teléfonos, la producción de cemento, la red de hoteles, parte, incluso de los servicios bancarios —en la medida que existen—, y un grupo de pequeñas y medianas empresas con capacidad para generar divisas. Con ello, el régimen castrista ha logrado ingresos presupuestarios, (5.000 millones de dólares), pero ha perdido el beneficio más importante, el impulso modernizador. Por otra parte, —excepto en casos muy concretos, en los que la actividad desarrollada por empresas privatizadas tiene mucho más que ver con la economía exterior que con la nacional cubana, como la minería y el tabaco—, ha prostituido al capital foráneo, convirtiéndolo en explotador y acostumbrándolo a operar en condiciones no de mercado, sino de explotación de una población condenada a la sumisión.

El endeudamiento exterior. Su enorme volumen, alrededor de 20.000 millones de dólares, desproporcionado en relación al tamaño de su PIB y sus exportaciones, constituyen un obstáculo enorme al desarrollo económico. A esta cifra hay que sumar, además, las reclamaciones norteamericanas por las propiedades expropiadas a sus ciudadanos —incluidos los cubanos nacionalizados norteamericanos— sin ningún tipo de compensación. El tamaño de la deuda es tal que Cuba es el único país del mundo que no renegocia la deuda vencida, pues sabe que, por extensos que sean los plazos de carencia y bajos los intereses que se acuerden, no conseguiría liquidarlos nunca, ni por un mínimo espacio de tiempo.

No obstante, si cualquier gobierno democrático cubano planteara su condonación o aplazamiento, la respuesta de la inmensa mayoría de los países afectados sería positiva. Esa sería la aportación a la democracia de los acreedores; mucho más que la concesión de nuevos créditos, que serían escasos y que sólo se concederían tras un largo período en el que el gobierno cubano pudiera demostrar, en la práctica, que era merecedor de la confianza internacional.

Esta terrible acumulación de datos negativos, causados la mayor parte de las veces por la maldad del déspota, son un obstáculo enorme para que Cuba pueda volver a ser un país en el que vivir no sea una constante humillación y una angustia diaria.

Artículos anteriores de la serie:
1. Los datos
2. La pobreza

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