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Reajuste adverso del poder mundial

Es muy probable que los chinos piensen que su idea de la "sociedad armoniosa" es la receta adecuada para hacer entrar a los norcoreanos en razón, en lugar de las amenazas de sanciones insoportables que prefieren los Estados Unidos.

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China y Rusia son tan hostiles a la idea de convivir con una Corea del Norte nuclear como pueda serlo Estados Unidos. Pero su hostilidad a esa idea pesa menos que los beneficios que esperan obtener de ver a los Estados Unidos desbancados de su solio como poder hegemónico mundial. No se ve todos los días a una superpotencia frustrada constantemente por las manipulaciones de los gobernantes de un pequeño país de 22 millones de habitantes.

Por eso Rusia y China han dado a Washington, con la resolución sobre sanciones a Corea del Norte por su programa de armas nucleares, un cheque sin refrendo que debe ser validado por Pekín y Moscú antes de que a ese país se le pueda coaccionar para que renuncie a ellas, objetivo declarado por Washington de extrema importancia estratégica. Ahora esa política está sujeta a los intereses diplomáticos de dos dictaduras que juntas controlan la gran masa continental de Asia: la Rusia de Putin y la China de Hu Jintao.

Rusia y China son dos potencias adversas al capitalismo liberal y partidarias (por ahora) del capitalismo de estado. El paradigma socio-político que las está uniendo es el espíritu de la "sociedad armoniosa" –así se llama el último "libro rojo" ideológico del partido comunista chino–, que tiene en su base el control central de la economía, la hegemonía político-social del partido en el poder y negocios con todo el mundo, ideal que cuadra perfectamente con el programa y la mentalidad de Putin.

Es muy probable que los chinos piensen que su idea de la "sociedad armoniosa" es la receta adecuada para hacer entrar a los norcoreanos en razón, en lugar de las amenazas de sanciones insoportables que prefieren los Estados Unidos. Veremos. Si lo logran, se apuntarán un tanto histórico. Si no lo logran habrán ayudado a que el mundo entre en una pesadilla nuclear.

Lo que esto significa en términos del equilibrio de poder a escala mundial no es difícil de evaluar. Las garantías de seguridad que los Estados Unidos tienen extendidas a Corea del Sur, Japón y Taiwán están ahora condicionadas por el consejo de seguridad de la ONU, esto es, por China y Rusia, sin olvidar claro está a Francia, que goza también del derecho de veto y que gusta de tiempo en tiempo de cruzar su espada diplomática con la de los Estados Unidos.

Históricamente, la emergencia de una potencia militar que desafiase el equilibrio de poder establecido suponía la guerra o la confrontación estratégica para devolver a esa potencia a su sitio. En tiempos "pre-onusianos", la política naval alemana del káiser Guillermo II fue el motivo que tuvo el Reino Unido para declararle la guerra en 1914, aunque la justificación fuese otra. En tiempos "onusianos" fue el bloqueo de Berlín por Stalin en 1948, como primer paso para comerse a Alemania, lo que provocó la respuesta de los Estados Unidos, con su estrategia de contención y de alianzas, que entrañaba el recurso al arma nuclear de forma inminente, si necesario fuera, como se demostró en la crisis de los misiles de Cuba, de 1962.

Lo que supone el que los Estados Unidos se vean sujetos al ritmo y nivel de presión sobre Corea del Norte que China y Rusia estén dispuestas a consentir, y ni un grado más, es un signo inquietante de que la balanza del poder mundial se está desplazando de forma contraria a los intereses de la hasta ahora potencia hegemónica. Hay que evaluar bien lo que esto significa para Europa, cuya presencia e influencia en el mundo tiene como un alcaloide necesario la relación especial con los Estados Unidos en el seno de la Alianza Atlántica. Ni lo que significa para las tres democracias asiáticas ya mencionadas, sujetas a los chantajes del dictador norcoreano.

El por qué de este reajuste de la balanza mundial del poder necesita profundos análisis, tanto más urgentes cuanto que se ha producido durante el mandato de un presidente, como George W. Bush, dispuesto a ejercer todas las prerrogativas del poder económico y militar de su país para llevar a buen puerto un programa ideológico liberador contra algunas de las fuerzas oscurantistas que perturban el mundo.

Baste mencionar que no son sólo Rusia y China las potencias resueltas a frustrar el despliegue de la hegemonía de los Estados Unidos y sus programas puntuales, a pesar de que uno de esos programas se dirige a algo que también interesa a China y Rusia: que Corea del Norte no tenga armas nucleares. Pero quédeme yo tuerto con tal de que tú te quedes ciego...

En efecto, no son sólo Rusia y China. También la inmensa mayor parte del mundo árabe parece dispuesta a seguir hundida en el marasmo social y político antes de permitir que los Estados Unidos saquen adelante uno sólo de sus proyectos liberadores, empezando, naturalmente, por el de Irak. Pero esta es otra historia.

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