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La traición de Gaviria

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César Gaviria, secretario general de la Organización de Estados Americanos, traicionó a Venezuela. ¿Cuál fue el precio de tan sucia maniobra? Esta es la historia. El presidente Hugo Chávez fue quien sirvió de intermediario con Fidel Castro y la guerrilla colombiana para que Juan Carlos Gaviria fuera liberado. El hermano del hoy secretario general de la OEA fue secuestrado el 2 de abril de 1996, durante el gobierno de Samper, y liberado en junio del mismo año gracias a la intervención de Hugo Chávez con sus amigos de la narcoguerrilla colombiana.

La maniobra de Gaviria para favorecer a Chávez fue descarada. Llegó a Venezuela acompañado de dos embajadoras: Margarita Escobar, embajadora de El Salvador en la OEA, y Lisa M. Schorman, embajadora de Belice en la OEA. Estas dos damas son íntimas amigas del hoy ministro de Defensa de Chávez, José Vicente Rangel, y de su esposa, Ana Avalos. La embajadora Margarita Escobar fue condecorada en dos oportunidades por José Vicente Rangel, cuando éste era ministro de Relaciones Exteriores de Chávez.

A los venezolanos nos indignó oír al secretario general de la OEA declarar que a Chávez hay que darle “otra oportunidad”, sin tomar en cuenta los muertos y heridos causados por las pandillas del gobierno, los llamados Círculos Bolivarianos, cuando la más gigantesca manifestación ocurrida en nuestro país demostraba pacíficamente su rechazo al presidente y exigía su renuncia.

El representante de la OEA guardó un silencio de cómplice respecto a los venezolanos masacrados y tampoco dijo nada sobre la ilegitimidad de un gobierno del que el Jefe de Estado escribió, de su puño y letra: “declaro que abandono el cargo para el que fui elegido”.

La decisión de Chávez era irrevocable, pero los militares que lo detenían se negaban a permitir que se fuera a Cuba, alegando que debía ser juzgado por los crímenes por él ordenados. La prueba irrefutable que Chávez quería irse del país la presentó el presidente del gobierno de España, José María Aznar, quien informó al Congreso español que recibió dos peticiones del gobierno de Cuba: que se le permitiera a Chávez escapar a La Habana y que se impidiera la violencia contra la embajada cubana en Caracas.

Gaviria tampoco investigó nada respecto a la afirmación de Otto Reich, secretario adjunto para Asuntos Interamericanos del Departamento de Estado, quien dijo a puertas cerradas al Comité de Inteligencia del Senado –según reportó el New York Times- que “fuerzas paramilitares extranjeras –supuestamente cubanas– participaron en la sangrienta represión de la manifestación de protesta contra el presidente Hugo Chávez, en la cual murieron al menos 14 personas”.

El New York Times también informó –y Gaviria no tomó en cuenta– que los Círculos Bolivarianos de Chávez fueron entrenados en Cuba y que se vio a agentes castristas entre quienes disparaban a mansalva a la muchedumbre, para así impedir que los manifestantes llegaran hasta el palacio presidencial de Miraflores.

Para Gaviria el problema actual en Venezuela es el simple caso de un gobierno legítimo (el de Chávez), al cual un grupo de venezolanos quiere derrocar. Pero la osadía del secretario general de la OEA llegó al extremo de afirmar, en rueda de prensa, que debería eliminarse de la actual Constitución venezolana el artículo que consagra el derecho del pueblo a revelarse ante el comportamiento antidemocrático y totalitario de su gobierno.

Es comprensible el agradecimiento de César Gaviria hacia Hugo Chávez por haber logrado la liberación de su hermano, pero los venezolanos no tenemos que soportar el peso de un régimen autocrático porque el señor Gaviria quiera mucho a su hermano.

Todo lo que demuestra la actual ilegitimidad de Chávez fue ignorado y silenciado por el representante de la OEA. Incluso cuando recomendó que “se deben cerrar las puertas” para que los militares no intervengan en la política, olímpicamente ignoró que los militares venezolanos habían permanecido apartados de la política desde el derrocamiento del general Marcos Pérez Jiménez en 1958 y que fue el mismo Chávez quien ha hecho todo lo posible por politizar a nuestra Fuerza Armada, tratando de convertirla en el partido del régimen.

La desfachatez de Gaviria no tiene nombre. Quiere ocultar que Venezuela está al borde de una guerra civil. Falta por ver si los demás representantes ante la OEA están dispuestos a cargar con la responsabilidad de fomentar en lugar de tratar activamente de evitar un baño de sangre en nuestro país.

Gaviria: ¡no vuelvas más nunca!

© AIPE Armando Frontado es analista político venezolano.




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