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Recorte de impuestos vs "Estímulos"

Un análisis de más de 200 ajustes fiscales en 21 países muestra que la disciplina en el gasto y los recortes de impuestos son la mejor manera para fomentar el crecimiento económico.

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Los políticos defienden un mayor gasto público como estímulo, en contraposición con los recortes de gasto, con la premisa de que así se aceleraría la recuperación de la economía. Este argumento, sin embargo, podría ser exactamente al revés. De hecho, la historia muestra que recortar el gasto con el fin de reducir los déficits puede ser la clave para fomentar la recuperación económica.

En Europa hoy, el riesgo de una nueva recesión no proviene de los recortes de gasto que algunos gobiernos han aprobado sino de la amenaza de la excesiva deuda soberana y la posibilidad de múltiples quiebras bancarias. Los test de estrés o pruebas de solvencia a la banca de Julio no fueron tranquilizadores porque no incluyeron la exposición de los bancos europeos a la deuda soberana; si lo hubieran hecho, muchos bancos habrían suspendido. Esos bancos siguen siendo una amenaza para la economía europea.

En los Estados Unidos, entretanto, los planes de estímulo recientes han demostrado que el "multiplicador" -el efecto sobre el PIB por cada dólar de aumento del gasto público- es pequeño. El gasto asociado al estímulo significa además que se espera un incremento de impuestos en un futuro cercano, lo que obstaculizará adicionalmente el crecimiento económico.

La historia económica muestra que incluso grandes ajustes en política fiscal, si están enfocados hacia recortes de gasto adecuados, han conducido con frecuencia a expansiones, no recesiones. Los ajustes fiscales basados en mayores impuestos, en cambio, han sido generalmente recesivos.

Mi colega Silvia Ardagna y yo recientemente elaboramos un trabajo analizando este patrón, que ya ha sido analizado por numerosos estudios en los últimos 20 años. Nuestro trabajo estudia los 107 grandes ajustes fiscales -definidos como la reducción del déficit ajustado por el ciclo o déficit estructural de al menos un 1,5% en un año- que tuvieron lugar en 21 de los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) entre 1970 y 2007.

Según nuestro modelo, un país experimentó un ajuste fiscal positivo para el crecimiento, cuando su tasa de crecimiento del PIB en el año del ajuste y en el siguiente se situaba dentro del primer cuarto (25%) de países con mayor crecimiento de la OCDE. Un periodo recesivo se producía, por el contrario, cuando la tasa de crecimiento del país estaba entre los tres cuartos (75%) de países con peor desempeño de la OCDE.

Nuestros resultados fueron sorprendentes: durante casi 40 años, los ajustes con efectos expansivos estuvieron basados mayoritariamente en reducciones del gasto, mientras que los ajustes con efectos recesivos se centraron en su mayor parte en incrementos de impuestos. Y estos resultados hubieran sido todavía más contundentes si nuestra definición de periodo expansivo hubiera sido más laxa (extendiendo, por ejemplo, a la primera mitad de los países de la OCDE, en lugar de sólo al primer cuarto). Además, los ajustes basados en recortes de gasto fueron acompañados por reducciones en los ratios de deuda sobre PIB de mayor duración.

En el mismo trabajo también examinamos los periodos de grandes expansiones fiscales, definidas como incrementos en el déficit ajustado por el ciclo de al menos un 1,5% del PIB. En 91 de esos casos, encontramos que los recortes de impuestos fueron mucho más expansivos que los incrementos en el gasto.

¿Cómo pueden tener los recortes de gasto efectos expansivos? Primero, señalan que no habrá incrementos de impuestos en el futuro, o que si los hay, serán pequeños. Un plan creíble para reducir los gastos del gobierno de forma significativa cambia las expectativas acerca de las futuras cargas impositivas. Esto, a su vez, cambia el comportamiento de la gente. Los consumidores, y especialmente los inversores, estarán más dispuestos a gastar si esperan que el gasto público y los impuestos permanezcan contenidos durante un periodo prolongado de tiempo.

Por otro lado, los ajustes fiscales basados en subidas de impuestos reducen la renta disponible de los consumidores y reducen los incentivos para la productividad.

Las empresas americanas en la actualidad son rentables y mantienen gran cantidad de recursos sin gastar. Su incertidumbre sobre la regulación y los impuestos futuros les desanima para la toma de riesgos, la inversión y el consumo. En Europa, los gobiernos fortalecerían al sector bancario si recortaran el gasto y redujeran su riesgo de default. Esto, a su vez, facilitaría el flujo de crédito hacia el sector privado.

La composición de los ajustes fiscales es, por tanto, clave. Basado en lo que sabemos, los Estados Unidos y Europa incurrirían en mayores riesgos al aumentar el gasto público en planes de estímulo que al llevar a cabo graduales pero creíbles reducciones del gasto.

Europa parece haber aprendido las lecciones de las décadas pasadas. De hecho, todos los países que ahora están ajustando su política fiscal se están centrando en bajar el gasto, y no en subir los impuestos. En cambio la política fiscal de EEUU conducirá tarde o temprano a mayores impuestos si el gasto no se reduce pronto.

La evidencia de los últimos 40 años sugiere que el incremento en el gasto público para estimular la economía y la subida de impuestos para reducir el déficit es una combinación con escasa probabilidad de conseguir los objetivos que se persiguen. En cambio, la combinación contraria sí podría alcanzarlos.

Alberto Alesina es un prestigioso economista y profesor de economía política en la Universidad de Harvard.

Artículo originalmente publicado el 15 de Septiembre de 2010 en The Wall Street Journal © 2010 Dow Jones & Company. All rights reserved.

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