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Bernd Dietz

Estancado futuro

Repudiado por su manada el relamido cervatillo (ante quien Mr. Bean parece el polo esclarecido de la comparación), los socialistas se han decantado por el jaquetón con menos melindres y peor instinto.

Bernd Dietz
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Un PSOE feminizado ha resuelto que Rubalcaba sea su macho alfa. Tras calibrar opciones ante un horizonte amedrentador que augura cachifollarle el tren de vida o pasarle factura por trapisondas, escamoteos y chalanerías, se comporta tal afligida damisela. Esto es, con frialdad de tarántula y avidez genésica. Se siente, si la aturullada Chacón exhibe pucheros contrariados (qué se figuraba la señorita, rajó Guerra de Trini). Atiborrarle de mimitos la autoestima al párvulo acarrea tales malentendidos. Pringando telediarios por el bajo umbral de tolerancia a la frustración inherente al pajinismo filosófico, al cabo la versión finolis de los perroflautas.

"Nosotras, las agraviadas profesionales envestidas de inmunidad vitalicia por progresismo divino; ellos, la savia incipiente que sueña imitarnos". Es insurrección profiláctica contra el democrático ascenso del PP que engrasan los altavoces mediáticos de la nomenklatura, y póngase a cubierto cualquier currante cumplidor al que buscarán incautarle más sueldo, llamándolo solidaridad. Como presenciaremos a lo peor, llegada la coyuntura, otro Nunca Máis y otro 11-M, a poco que una derecha decente, incompatible con los "amiguitos del alma", viniese para reducir el déficit, pagar a proveedores a punto de suicidarse y atajar la piñata revolucionaria e institucional.

Mas no adelantemos escenarios. Repudiado por su manada el relamido cervatillo (ante quien Mr. Bean parece el polo esclarecido de la comparación), los socialistas se han decantado por el jaquetón con menos melindres y peor instinto. Con ello, los herederos del magnicidio de Calvo Sotelo, ahítos de trolas infantiles (que tanto juego dieron para llenar bolsillos y repartir golosinas cuando la juerga era con fondos europeos), pasan a recomponer un rictus más convencional. Sustituyendo en sus cavilaciones el paisaje de los teletubbies por la albaceteña. Rauda metamorfosis con la que se ganan músculo y listeza, mas ni un milígramo de inteligencia o responsabilidad. ¿Qué más da la realidad objetiva, si gestionamos la subjetividad del populacho? Goebbels sabía latín, siendo nacionalsocialista. "Casi" como nosotros. Los que han dejado el erario como un colador. Naturalmente, alegando sensibilidad social, al estilo Campanario.

El diccionario biográfico de Anes y los académicos de la historia supone otra piedra de toque. Fuerte papelón. El acomplejamiento porfiador de antaño, principiando por la embustera izquierda de memoria selectiva. Hasta que nos expulsen del euro y nos midan por lo que valemos, no lo que anunciábamos merecer. Fue wishful thinking, por parte de dichos historiadores, suponer que iban a acertar encargándole a Luis Suárez la entrada de Franco y a Cebrián la de Felipe González. Trocando la distancia crítica por el cada oveja con su pareja. Se verifica además la clamorosa cortedad de banquillo. Falta materia gris. Falta honestidad elemental. La manta trapera de los sectarismos, coloristamente abigarrada, no edifica el consenso. Ni la ciencia historiográfica. Ni el bien patriótico. Ni la operatividad política. Mientras sigamos definiendo las prioridades nacionales a partir de antojos oligárquicos, urdidos por la autoridad educativa conforme a la etiqueta (fascista o progresista), vamos fatal. Seguiremos abonados al chasco perenne. Aunque arribase Rajoy, habría que ver. Si llega algún oxígeno a los librepensadores. Si brota una honradez que nos renueve.

Bernd Dietz es catedrático de Filología Inglesa y escritor.

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