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Bernd Dietz

El panorama

Podremos seguir succionando hasta agotar existencias, que para eso marcan tendencia autoridades y demás tropa que mama del erario, al objeto de elucidarnos por qué no hace falta alarmarse ni enmendar conducta alguna.

Bernd Dietz
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Echan la vieja película. Los de la izquierda radical tirándose fotos junto a sus mariscadas y sus meretrices cubanas, con esa ufanía sobrecompensatoria de quienes versionan proletariamente a Berlusconi a costa del contribuyente. Los de la izquierda de rostro humano (¡como si fuese menos humano matar que robar, ir de VIP de las investigaciones marxistas que montarse una hípica!) afanándose en desplumar presupuestos, trasegar comisiones y repartir entre los parientes. Y los de derecha, trufadas sus listas electorales de presuntos mangantes para no acomplejar el rival, incurriendo en un engolamiento repipi que torna superfluo al peor comicastro de la Sexta. Paralelamente tenemos los merenderos a rebosar, los rousseaunianos catódicos malmetiendo a tope y los teledirigidos ni-nis (refrito y némesis de nuestra vacuidad) exigiendo su derecho divino a una vida muelle que costeen los ahorradores. Progresismo puro.

Zetapé coge aire. Se va sin irse, por ver qué naipes aún puedan caerle. No se concibe más taimado que el resto. Ni menos manitas. Además él no miente, aclara Valenciano. Faltaría más. Tampoco gozaría la ciudadanía de tantísima veracidad y honradez de no arrimar el hombro Rubalcaba. Si puede parecer que ofende a la decencia con desgarbo asténico y ojillos de áspid es porque anda estresado. Los españoles tampoco mentimos, ni hacemos trampas, ni sabemos de picaresca. Qué va. Por eso nos encogemos de hombros cuando Bono le guarda las espaldas a Chaves, los jueces rizan rizos, el Borbón borbonea y Rajoy espera fumando, cual Sarita Montiel. Según aprendieron de Franco, ninguno se mete en política, error de mal gusto que a nada conduce. ¡Con lo bonito y tradicional que es el decoro, hacer brindis al sol, abjurar del capitalismo protestante y tirarle besos a la patrona local!

Comprendamos a nuestros estadistas, porque son lo que los de abajo querríamos ser, ordeñadores de ubre oficial. ¡Con la cantidad de amiguitos que esperan un detalle! Un ERE insignificante. Iván y Paula somos todos. Este socialismo de MBA y boda rimbombante es la confluencia planetaria entre dinero público y cosecha privada. Lo moral se despacha crucificando a Sostres por apuntar obviedades. Recula hasta Pedrojota. Más le valdría haberse ciscado en algo fácil, como supo Rubianes y defendió Chacón, jamás en nuestra santurronería. Láctea reserva espiritual. Complicidad que nos constituye. Podremos seguir succionando hasta agotar existencias, que para eso marcan tendencia autoridades y demás tropa que mama del erario, al objeto de elucidarnos por qué no hace falta alarmarse ni enmendar conducta alguna. Con el sistema benditamente cooptado, aquí no levanta cabeza desafecto alguno. Si estalla la revolución, la comandamos nosotros.

Si alguien sabe, entiende o saca propuestas para mejorar, le paramos los pies. Por las buenas, ofreciéndole una mamandurria. O por las malas, haciéndole morder el polvo. Aquí las respuestas coherentes son tabú. O flatus vocis. La productividad, el sacrificio, el mérito, la exigencia, dominar otros idiomas, qué mal fario. Fomentemos los espectáculos de bandolerismo para que los guiris acudan a este parque temático en el que resplandece el sol, puedes emborracharte de sentimentalismo y te aturullan con duende. Con memoria histórica, que léase lo publicado por Arcadi Espada sobre el abuelito dime tú de Zarrías. Venga ya.

Bernd Dietz es catedrático de Filología Inglesa y escritor.

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