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Carlos Rodríguez Braun

Petróleo y comercio

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Los iluminados de Greenpeace se manifestaron en Madrid ante la embajada de EE UU con un cartel que rezaba “el petróleo mata”, y los sindicatos y empresarios no competitivos de Canarias amenazaron con recurrir a la justicia para que los comercios no abran todos los domingos.

Esta fue una semana pródiga en manifestaciones con consignas reaccionarias de diverso tipo, pero me he fijado sólo en un puñado de militantes ecologistas porque simbolizan bien el desconcierto. La consigna de que el petróleo mata –aparte de remitirnos a la maldad de los bienes desde el auri sacra fames de Virgilio– es reveladora por lo que transmite: lo que mata es la codicia capitalista, las empresas, el comercio, la propiedad privada, etc. No matan los antiliberales, los comunistas, Sadam Husein, etc. Eso no matan porque como son antiliberales, no tienen sucios intereses materiales y están más allá de la codicia. ¿No?

Y más allá de la lucha de clases, como siempre, están los enemigos de la libertad. El presidente de Feprodeco, la patronal de las pequeñas y medianas empresas del comercio de Canarias, José Domínguez, afirmó: “abrir todos los domingos significa que cientos de empresas cerrarían y cientos de padres de familia se irían al paro”. En plena sintonía con los capitalistas, el representante de CC OO, Domingo Delgado, advirtió que la libertad “supone crear una jungla comercial”.

Curiosamente, jamás se menciona el hecho comprobado de que la libertad favorece al pueblo trabajador. Al contrario, estos presuntos amigos de la humanidad auguran toda suerte de calamidades si la gente puede elegir libremente. Delgado pronosticó el “desarraigo de la vida familiar y laboral, la destrucción de empleo y más delincuencia”. Por su parte, los otros antiliberales, los de UGT, declararon por medio de Pedro Calderín su “máxima repulsa” a la apertura de los comercios los domingos, “porque el trabajador que tiene que trabajar todos los domingos del año no va a tener vida familiar, va a tener un hogar sin armonía, donde los hijos no van a ver a sus padres. Los trabajadores somos siempre los más perjudicados”.

En todas estas jeremiadas los empresarios y sindicalistas hostiles a la libertad tienen algo sistemáticamente claro: jamás dejarán a los trabajadores elegir. Eso nunca.

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