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Nunca pasa nada

Lo que más me ha llamado la atención de Laurence Parisot es su durísima crítica contra la acción de los sindicatos, quienes con su conservadurismo sectario ponen en peligro el porvenir de las pensiones y destruyen empleos.

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Ayer por la radio oí (en France-Info, radio estatal y por lo tanto socialista) que por primera vez desde hace 30 años el patrimonio de los franceses había disminuido un 3% en 2008. Poco después leo en la primera plana de Le Figaro (en el lugar habitualmente reservado a una foto de Sarkozy) un gran titular que reza lo siguiente: "Pese a una disminución del 3% en 2008, el patrimonio de los franceses se ha doblado en 30 años". Las mismas cifras pueden decir cosas muy diferentes y bien sabido es que la manipulación de las estadísticas se ha convertido en el arte del birlibirloque.

Nada de manipulación contable en el Parlamento (política sí y a menudo): la mayoría es la mayoría y la minoría, la minoría. Claro que la minoría puede convertirse en mayoría, pero no ocurrió el martes con el voto de confianza al Gobierno por su política internacional y no, como escriben ciertos corresponsales extranjeros, sobre el regreso al estado mayor militar de la OTAN, porque eso incumbe al jefe de los Ejércitos, o sea, al presidente: a De Gaulle para largarse y Sarkozy para volver). Pero claro, en el debate parlamentario el punto más discutido y condenado fue ése; y no sólo por los socialistas –quienes de todas formas dicen sistemáticamente no a todo– sino también por el puñado de "chiracquianos", quienes protestaron por la pérdida de la independencia francesa y su sometimiento a los Estados Unidos. El más ridículo de todos fue Laurent Fabius quien, en nombre del Partido Socialista, declaró con lirismo trasnochado que Chirac no habría podido desarrollar su magnífica política a favor de Sadam Hussein y contra Bush si Francia hubiera formado parte del estado mayor de la OTAN. Lo cual constituye una mentira imbécil.

Mañana jueves tendrá lugar otra jornada de huelga general de los funcionarios porque leyendo en la prensa cuáles son los sectores probablemente afectados, nos damos cuenta de que sólo se trata de funcionarios, desde la educación nacional a los transportes. Tampoco es imposible que movidos por el entusiasmo antisarkozy algunos trabajadores de empresas privadas se sumen a la huelga.

La presidenta de la MEDEF, Laurence Parisot, está que trina. Reconoce que la situación es difícil, "también para nosotros, los empresarios", pero considera que esas huelgas persistentes constituyen un despilfarro de demagogia y además son caras. Pero lo que más me ha llamado la atención es su durísima crítica contra la acción de los sindicatos, quienes con su conservadurismo sectario ponen en peligro el porvenir de las pensiones y destruyen empleos. Y mientras, el Gobierno mima a los sindicatos como se mimaría a un mastín: para que no muerdan.

De todas formas, el Partido Socialista está encantado: como no tiene ni ideas, ni proyecto, ni programa, se apoya "en la calle".

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