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La crisis que todo lo alcanza

Si el Rey supo pilotar junto a Adolfo Suárez la transición, y no fueron momentos fáciles, es de esperar que su sucesor haga ahora lo mismo en unas circunstancias distintas pero igual de complicadas.

Cayetano González
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Nunca se sabrán del todo los motivos reales, nunca mejor dicho, de la abdicación de Don Juan Carlos en su hijo Felipe de Borbón. Pero que su marcha está provocada o acelerada por la crisis política, institucional, económica y moral en la que desde hace tiempo vive España es algo que salta a la vista. Una crisis que lo alcanza todo y que también ha afectado a la persona del Rey y a la Institución de la Corona, por errores propios o de la familia, como el proceso penal abierto contra su yerno Iñaki Urdangarín y en el que está por ver si al final es imputada o no su hija la Infanta Cristina.

El Rey abdica en un momento político e institucional muy delicado para nuestra Nación. Lo hace en pleno desafío separatista de Cataluña liderado por Mas y ERC; lo hace cuando el Parlamento Vasco acaba de aprobar una declaración apoyada por el PNV y Bildu solicitando el "derecho a decidir"; lo hace cuando este próximo domingo, una cadena humana unirá la localidad vizcaína de Durango con Pamplona para pedir también la independencia de Euskadi; lo hace cuando los dos grandes partidos nacionales, PP y PSOE, esos que, en expresión un poco cursi, se dice deberían vertebrar España, han recibido un batacazo electoral de primera magnitud que de momento se ha llevado por delante al líder socialista, Alfredo Pérez Rubalcaba; lo hace cuando el descontento social se ha canalizado en estas últimas elecciones a través de una fuerza antisistema y radical como Podemos que ya está pidiendo en las redes sociales un referéndum para decidir si Monarquía o República.

Pero también es verdad que ningún momento es bueno para dimitir, o en el caso regio, para abdicar. Por eso pienso que, a pesar de lo complicado de la situación, el Rey ha hecho bien y la única duda es si lo debía haber hecho antes. El Príncipe de Asturias, como dice su padre, está perfectamente preparado para asumir la Corona cosa que en la práctica ha hecho en los últimos tiempos, debido entre otros motivos a las continuas intervenciones quirúrgicas a la que ha tenido que ser sometido el Rey. Un Príncipe que junto a la Reina son las dos personas de la familia real que gozan en estos momentos de mayor popularidad y simpatía.

"Hoy merece pasar a la primera línea una generación más joven, con nuevas energías" ha dicho Don Juan Carlos en el mensaje en el que ha explicado los motivos de su decisión. Más bien habría que hablar de "el motivo" que no es otro que ese que ha formulado casi con las mismas palabras: "una nueva generación reclama con justa causa el papel protagonista". Por cierto, habría que ver cuántas personas en la vida política de nuestro País se podrían aplicar este consejo del Monarca. Me da la impresión que al propio Rajoy –en la política y en cargos públicos desde la transición- no le habrá hecho mucha gracia esta declaración de Don Juan Carlos.

Pero si el Rey que ahora se va, supo hace treinta y nueve años pilotar junto al recientemente fallecido Adolfo Suárez la transición política de una dictadura a una democracia, y no fueron momentos fáciles, es de esperar que su sucesor, el ya próximo Felipe VI, haga ahora lo mismo, en unas circunstancias distintas pero al menos igual de complicadas. Tendrá que recuperar el prestigio de la Institución maltrecho en los últimos años y eso solo se consigue con grandes dosis de ejemplaridad en el desempeño de su función y con mucha cercanía a los ciudadanos. Condiciones tiene para llevar a cabo esa tarea.

El problema es que la clase o casta política de la actualidad es peor, bastante peor, que la de la transición. Y en algunos casos, como el de los nacionalistas vascos y catalanes con una voluntad decidida de romper el marco constitucional para irse de España. Pero con estos bueyes, con perdón, tendrá que arar el nuevo Rey. Por el bien de todos los españoles, que Dios le ayude al todavía Príncipe y que acierte en su tarea.

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