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La ikurriña en Pamplona

Los nacionalistas vascos preparan el terreno para la fagocitación de Navarra.

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Dentro del relativismo en el que vivimos y que lo invade prácticamente todo, habrá quienes consideren que al hecho de que por primera vez se haya colocado la ikurriña –bandera oficial de la Comunidad Autónoma Vasca– en el balcón del Ayuntamiento de Pamplona instantes antes del chupinazo que marca el inicio de las fiestas de San Fermín no hay que darle mayor importancia y que lo importante es que los pamploneses, y por supuesto las pamplonesas, disfruten de estos días tan conocidos allende nuestras fronteras, gracias a escritores como Ernest Hemingway. No será quien esto suscribe el que participe de esa postura.

Izar oficialmente la ikurriña en el Ayuntamiento de Pamplona, que hoy por hoy es la capital de otra comunidad distinta a la del País Vasco, es lisa y llanamente burlar la legislación e incumplir lo que dispone la ley foral de símbolos de Navarra, que establece que las cuatro banderas que deben ondear en los edificios oficiales de la ciudad son la de España, la de Europa, la de Navarra y la de Pamplona. La excusa que ha buscado el alcalde de Pamplona es que esa misma ley señala que, ante la presencia de cargos institucionales de otras comunidades autónomas –había tres parlamentarias vascas de EH-Bildu en el interior del Ayuntamiento–, se puede colocar por deferencia la bandera de sus regiones. La pregunta es muy simple: ¿alguien tiene alguna duda de lo que hubiera sucedido si en lugar de tres parlamentarias vascas de Bildu hubiesen aparecido tres diputados riojanos y además del PP? ¿Se hubiera izado en ese caso la bandera de La Rioja en el balcón consistorial, o se hubiese conformado el alcalde con poner el pañuelico rojo a esos parlamentarios riojanos?

Los nacionalistas, aparte de ser -en una expresión utilizada por los propios navarros- muy cansos, no dan puntada sin hilo. El nuevo alcalde de Pamplona, Joseba Asirón, miembro de una de las marcas, EH-Bildu, con las que ETA está en las instituciones gracias a la pasividad y a la inacción del actual presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, ha argumentado que la ikurriña en el Ayuntamiento es "un símbolo de cambio". Y no le falta razón.

Desde la Transición, el empeño del nacionalismo vasco mal llamado moderado y de la propia ETA ha sido dar los pasos necesarios para conseguir la integración de Navarra en la Comunidad Autónoma Vasca y de esa manera ir conformando esa Euskal Herria que estaría compuesta por siete territorios, cuatro españoles y tres franceses: Álava, Vizcaya, Guipúzcoa, Navarra, Lapurdi, Zuberoa y Baja Navarra.

Por ese objetivo, ETA ha asesinado en estos años a 42 personas en la Comunidad Foral de Navarra; por ese objetivo, la banda terrorista puso la cuestión del futuro de Navarra encima de la mesa de negociaciones con el Gobierno de Zapatero; por ese objetivo, el PNV eligió candidato a lehendakari en las primeras elecciones autonómicas vascas a un navarro, Carlos Garaikoetxea, incluso se planteó ubicar en Pamplona las sedes del Gobierno y del Parlamento vasco, aunque al final fue Vitoria la capital elegida.

En las elecciones al Parlamento foral del pasado 24 de mayo, las formaciones políticas partidarias de la integración de Navarra en la Comunidad Autónoma Vasca consiguieron sumar más escaños que las que están en contra. De hecho, una vez que finalicen las fiestas de San Fermín, está previsto que la miembro de la formación nacionalista Geroa Bai Uxue Barkos sea investida presidenta del Gobierno Foral con el apoyo de EH-Bildu y, muy probablemente, de Podemos e IU.

Y aunque la señora Barkos, en diferentes entrevistas en las últimas semanas, ha querido lanzar un mensaje de tranquilidad a la sociedad navarra diciendo que entre sus prioridades no está la de activar en esta legislatura el mecanismo recogido en la disposición transitoria cuarta de la Constitución para iniciar el proceso de integración de Navarra en Euskadi, es muy difícil creer que, más temprano que tarde, no vaya a hacerlo. Primero, porque está en el ADN de los nacionalistas y, en segundo lugar, porque uno de los apoyos imprescindibles de Uxue Barkos, EH-Bildu, presionará en esa dirección.

Por eso gestos como el del alcalde de Pamplona con la colocación de la ikurriña en el balcón consistorial en el inicio de las fiestas de San Fermín tienen algo más que un valor simbólico. A éste seguirán otros muchos, que irán en la dirección de ir conformando una realidad social y política proclive a los objetivos nacionalistas y que posibilite la integración de Navarra en Euskadi. Mientras tanto, el PP y el PSOE se han convertido en dos partidos absolutamente irrelevantes tanto en el País Vasco como en la Comunidad Foral. Pero ya se sabe que a Mariano Rajoy y a Pedro Sánchez eso no les debe de importar demasiado. Ellos consideran que están para las cuestiones de la "alta política". El problema es que, mientras tanto, el daño que se inflige a la cohesión de España es muy grande.

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