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El casting del PSOE

Podríamos trasladar una década atrás a los protagonistas de este duelo socialista y no hubieran tenido que modificar notablemente sus intervenciones.

Cristina Losada
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El debate entre los tres candidatos a la secretaría general del PSOE se ha celebrado, dicen, el lunes 7 de julio de 2014. Vistos y oídos los asuntos que ocuparon a los aspirantes, bien podía haber tenido lugar hace diez años, cuando España nadaba con soltura en la ola de la prosperidad sin conciencia del cambio de marea que estaba por venir. Podríamos trasladar una década atrás a los protagonistas de este duelo socialista y no hubieran tenido que modificar notablemente sus intervenciones. Porque la crisis económica más profunda, larga y destructiva de nuestra historia reciente apenas mereció desarrollo y elaboración por su parte.

Ni un bosquejo de diagnóstico de la crisis ni un trazado de una política económica que considere los desequilibrios domésticos, el contexto europeo y la globalización. Ni una palabra sobre qué debería hacer España para reducir tasas de paro siempre altas, aun en épocas de crecimiento. Nada acerca de cómo puede mantenerse y financiarse el Estado de Bienestar. En cambio, eso sí, los aspirantes tienen muchas cosas que decir sobre las primarias, sobre el Concordato, sobre la paridad, las listas cremallera, las puertas giratorias o el aforamiento.

En una entrevista hace meses, un socialista veterano como Nicolás Redondo Terreros dijo que los que querían liderar el PSOE parecían no tener más ideas que las que corretean por Twitter. Lo pondré de otra manera: la agenda que se desprende de la campaña de los aspirantes, en especial de Madina y Sánchez, es un chop-suey compuesto con trozos de actualidad. Hasta las propuestas más o menos situadas en el ámbito de la regeneración son piezas sueltas, escogidas entre los asuntos que han llamado la atención de los medios en el último cuarto de hora.

Esta desvertebración política e intelectual del PSOE no es de ahora, desde luego. Tampoco es el único partido socialista al que la crisis sorprendió mirando para otro lado. La diferencia es que un Hollande, pongamos, es capaz de enhebrar un discurso consistente aunque carezca de modelo alternativo para salir de la crisis. Y un discurso no se reduce a verbalizar una oposición a los recortes de la derecha; recortes, por otro lado, que el propio PSOE inició en 2010.

Si se comparan la experiencia y la formación de los dos candidatos que tienen más posibilidades de dirigir el PSOE con las de los cinco candidatos que compitieron por la candidatura a la presidencia francesa en 2011, salta a la vista que los de Ferraz tienen un problema. ¿Dónde están sus cuadros formados y experimentados? Misterio. A aquellas primarias del PSF se presentaron candidatos que ya habían sido algo en la vida. Estas del PSOE lo son, de facto, entre dos aspirantes a ser algo. Los socialistas franceses hicieron unas elecciones; los españoles sólo están haciendo un casting.

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