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Manuel Llamas

La tormenta perfecta

El gran problema de España es la deuda, sobre todo privada, pero ahora también pública. Deuda, mucha deuda... ¡una deuda enorme!

Manuel Llamas
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A muchos sorprenderá que la intervención de CajaSur este fin de semana haya copado destacados espacios en la prensa internacional y especializada de medio mundo. De hecho, la insolvencia de la pequeña caja andaluza, cuyo tamaño apenas representa el 0,6% de los activos del sistema bancario español, logró tambalear las bolsas a uno y otro lado del Atlántico. Sin embargo, la sorpresa no es tal si se tiene en cuenta el contexto.

El temor de los inversores tiene poco que ver con CajaSur y mucho con la solvencia misma del sistema financiero español. Señores, "España es el agujero de Europa". Bancos y cajas han prestado al sector inmobiliario y de la construcción unos 470.000 millones de euros –casi la mitad del PIB nacional– que, sumados a los cerca de 650.000 millones de euros en créditos hipotecarios, arroja una exposición superior al billón (con b) de euros, equivalente a todo lo que produce el país en un año.

El necesario ajuste inmobiliario (desplome de precios) aún no se ha producido por culpa de Gobierno y la gravísima negligencia del Banco de España, ocupados ambos en tratar de mantener artificialmente alto el valor de la vivienda que, como mínimo, aún tiene que caer entre un 20% y un 30% para regresar a sus fundamentales. El ladrillo quebró, y con él, está arrastrando, poco a poco, al sector financiero.

No obstante, pese a las trampas contables, numerosos analistas coinciden en que la morosidad real del sistema se aproxima ya al 9%. Resulta, pues, vergonzoso que desde las autoridades públicas se trate de vender a la ciudadanía que la mora baja cuando, en realidad, lo único que hace es crecer y crecer. A la quiebra del sector inmobiliario –ahora en manos de los bancos– hay que añadir el creciente número de familias que, debido a la elevada tasa de paro, no puede hacer frente al pago de sus cuotas hipotecarias. El 37% de las familias hipotecadas tuvo que retrasar al menos en una ocasión el pago de su crédito durante 2009, y un 48% admitió tener problemas para llegar a fin de mes, según datos de la Agencia Negociadora de Productos Bancarios.

Así pues, la intervención de CajaSur es tan sólo un indicador evidente de los graves problemas de solvencia que atraviesan, no una ni dos, sino numerosas entidades nacionales. Y es aquí, donde entra en juego la segunda pata de la mesa. La quiebra de bancos y cajas pretendía ser evitada por el Gobierno mediante el famoso Fondo de Rescate Bancario (FROB), dotado con hasta 100.000 millones de euros –que serán más–, con el fin de facilitar la necesaria reestructuración financiera (entiéndase fusiones de toda índole y condición guiadas bajo criterios estrictamente políticos y, por tanto, nefastos).

Pues bien, los famosos 100.000 millones –que, insisto, serán más– se habían concebido, en teoría, para facilitar una transición suave sin grandes sobresaltos financieros. El problema es que los obstáculos políticos también han impedido y retrasado, hasta la extenuación, dicho ajuste, ya que partidos y sindicatos quieren mantener sus respectivos cortijos intactos. Ahora, sin embargo, entran las prisas, ya que el plazo para emplear el FROB expira el próximo 30 de junio, que es el límite temporal impuesto por Bruselas, por lo que las fusiones se están realizando a la carrera al grito de "intervenido el último".

Y todo esto en medio del estallido de crisis de deuda pública en la zona euro. El dinero del FROB es, ni más ni menos, que deuda pública, es decir, bonos que el Gobierno tendrá que colocar en el mercado. Y ello, pagando unos tipos de interés cada vez mayores, como resultado del descomunal descuadre de las cuentas públicas (déficit superior al 11% del PIB en 2009) y la lógica desconfianza que despierta el Gobierno de Zapatero en los mercados internacionales. En definitiva, un fabuloso cóctel que, una vez agitado, arroja como resultado una tormenta perfecta que, desde hace un par de semanas, intenta ser aplacada por la Comisión Europea, el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Central Europeo.

El gran problema de España es la deuda, sobre todo privada, pero ahora también pública. Deuda, mucha deuda... ¡una deuda enorme! Por ello, lo único que está haciendo el mercado es descontar el riesgo, cada vez mayor, de que parte de dicha deuda no pueda ser recuperada.

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