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Daniel Rodríguez Herrera

Socialismo por la propiedad titiritera

De donde se deduce el mandamiento único progresista sobre la propiedad: la propiedad es mala sí y solo sí alguien de derechas puede acceder a ella. Por eso todas las grandes multinacionales son malas, menos la de Polanco

Daniel Rodríguez Herrera
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Hubo un tiempo en que el socialismo tenía como principal reivindicación la propiedad pública de los medios de producción. Aunque cada uno pudiera poseer privadamente aquello que usaba y consumía, que era más bien poco, todo el tejido productivo debía ser propiedad del Estado. Así, se cumplía el sueño del totalitarismo perfecto pues, como recordó Trotski antes de que ciertos objetos incrustados en su cabeza le impidieran pensar con claridad, en el socialismo quien no obedece no come.
 
Una vez abandonada la vía a la sociedad perfecta, la de los cien millones de muertos, el socialismo ha decidido aceptar a regañadientes que han de ser las empresas quienes produzcan los bienes. Principalmente porque sus dictaduras se hundían y sus partidos no eran votados si se dedicaban sin demasiado disimulo al latrocinio descontrolado vía impuestos y nacionalizaciones. Sin embargo, nunca han dejado de demostrar a la primera oportunidad su poco amor por la propiedad privada, agitándose como la niña del exorcista cuando se menciona la mera posibilidad de eliminar el control estatal del agua, el suelo u otras parcelas que nuestros amables gobernantes tienen a bien gestionar en nuestro lugar. Quizá por eso, resulta realmente sorprendente el amor desmedido que muestra por un tipo concreto de propiedad privada como son los derechos de autor, a los que han dedicado una nueva canción de amor desesperada en el último consejo de ministros.
 
A falta de conocer con detalle el texto, parece que el Gobierno ha decidido obedecer a las entidades de gestión como el sindicato vertical SGAE y prohibir en la práctica la copia privada. Si se aprueba este proyecto de ley, dejará de ser legal intercambiar ficheros por Internet o de mano en mano y cada usuario podrá hacer sólo tres copias de aquello que legalmente posea, un número para el que no se ofrece justificación tecnológica pero que en lenguaje bíblico significa “unión con la divinidad”, lo que nos dice mucho de la exagerada opinión que tiene el socialismo de Teddy Bautista. Parece, por tanto, que la nueva ley convierte la copia privada en un concepto mucho más restrictivo que la copia de seguridad que se permite en las aplicaciones de ordenador. Sin embargo, al mismo tiempo, se amplía la ley para que los soportes digitales como CDs y DVDs paguen un canon a cambio de permitir el derecho de copia privada, que hasta ahora dependía de un acuerdo entre particulares que empezaba a ser cuestionado en los tribunales. Es decir, limitan un derecho y amplían el ámbito de cobro del mismo.
 
En resumen, a usted y a mí nos seguirán cobrando un canon, ahora con mayor base legal, pero nos quitan el derecho a intercambiar música y películas sin ánimo de lucro. En vista de lo cual parece lógico concluir que los únicos que salen ganando son los bautistas. De donde se deduce el mandamiento único progresista sobre la propiedad: la propiedad es mala sí y solo sí alguien de derechas puede acceder a ella. Por eso todas las grandes multinacionales son malas, menos la de Polanco. La propiedad estatal es estupenda, siempre y cuando el gobierno sea de izquierdas. Y por eso es bueno extorsionar a los débiles para pagar a Ramoncín; si los titiriteros fueran mayoritariamente de derechas, otro gallo nos cantaría. Y podría hacerlo sin pagar canon.

Daniel Rodríguez Herrera es subdirector de Libertad Digital, editor de Liberalismo.org y Red Liberal y vocal del Instituto Juan de Mariana.

Nota: El autor autoriza a todo aquel que quiera hacerlo, incluidas las empresas de press-clipping, a reproducir este artículo, con la condición de que se cite a Libertad Digital como sitio original de publicación. Además, niega a la FAPE o cualquier otra entidad la autoridad para cobrar a las citadas compañías o cualquier otra persona o entidad por dichas reproducciones.

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