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Ante la creciente decepción de sus electores, la izquierda italiana ha decidido mudarse el disfraz. En vista de las elecciones generales que tendrán lugar a mediados de abril, los reformistas han estrenado un nuevo partido, modificado sus alianzas, introducido algunas caras nuevas e ideado unos lemas más llamativos. Y, sobre todo, han cambiado de guía, ya que tras su segundo fracaso como premier Romano Prodi se ha apartado, allanando el camino al más joven Walter Veltroni.
Con todo, los reformistas se engañan al creer que su reciente "revolución" será determinante para el resultado final de los comicios. Podrán cambiar de líder, de socios e incluso de rostro, pero la mayoría de sus electores seguirán entregándole su voto sin demasiada convicción y únicamente por miedo a que Silvio Berlusconi pueda volver a gobernar. Sí, porque aunque también los conservadores hayan aportado algunos cambios a su imagen, su líder sigue siendo el Cavaliere.
De hecho, el magnate de los medios de comunicación no es tan solo el guía del centroderecha, sino que además se ha convertido en el centro neurálgico de la vida política de la República durante los últimos quince años. Todo gira a su alrededor y todos –tanto los de derechas como los de izquierdas– actúan reaccionando a sus actos, sus proyectos e incluso sus declaraciones. En su historial destaca el liderazgo de tres ejecutivos, sumando un total de casi seis años sentado en la butaca de Palacio Chigi. Los actuales sondeos ya lo proclaman como el favorito para suceder a Prodi, lo que deja a quienes lo denigran con la única esperanza de un posible –y probable– empate técnico. De todas formas, y a pesar de cuál sea el veredicto de las urnas, se puede apostar por el hecho de que monopolizará la campaña electoral hasta el final.
La mitad de los italianos lo aborrece y lo teme, la otra mitad lo alaba, hechizada por sus promesas y magnetizada por su actitud de infatigable luchador. Un salvador de la democracia contra las maquinaciones de los comunistas según algunos; un profanador del Estado de derecho y del sagrado principio de igualdad ante la ley para los otros. Partidos, coaliciones, ideas y valores en Italia tan solo representan el teatro en el que Berlusconi actúa siempre de protagonista, una única obra en la que interpreta dos papeles a la vez: el héroe y el antagonista. La ideología cuenta muy poco, simplemente se vota a favor o en contra de Berlusconi.
– Voto a la izquierda para que Berlusconi pierda.
– Pues yo he sido de izquierdas toda mi vida, pero desde que Berlusconi se metió en política siempre le voto.
Esto es lo que escuchas si por alguna razón alguien monta una tertulia política improvisada en la mesa de al lado mientras comes en una pizzería o te tomas un Espresso en un bar. Sólo se habla de Berlusconi.
Así las cosas, las elecciones en Italia han sido, son y continuarán siendo un simple referéndum sobre el Cavaliere. Así fue en 1994, en 1996, en 2001 y en 2006. Y así volverá a suceder a mediados de abril. Dos veces ganó, otra tantas fue derrotado. Muchos italianos temen que le toque otra vez la presidencia del Gobierno y se preparan a esta eventualidad con resignado temor. La otra mitad de la población se prepara para celebrarlo.
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