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Desafío a la ONU

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El tan esperado discurso del presidente Bush en las Naciones Unidas ha sido una jugada maestra de política interna e internacional, y tiene que haber decepcionado a quienes se preparaban para denunciar su “unilateralismo”. Bush ha lanzado el guante a la ONU, algo que no le podrán criticar los ministros y jefes de gobierno, muchos de los cuales han exigido pública y sistemáticamente que no actúe al margen del organismo internacional, y ha dejado sin argumentos a sus rivales políticos, que buscaban desesperadamente un motivo para criticarlo antes de las elecciones legislativas de noviembre, cuando el Partido Republicano se juega la recuperación de la mayoría en el Senado o el retorno a la minoría en las dos cámaras si pierde también la Cámara de Representantes.

Bush ha emplazado a las Naciones Unidas a asumir las responsabilidades para la que fue creada y ha advertido de que, de lo contrario, se convertirá en una institución irrelevante, incapaz de proteger al mundo si espera a la primera explosión atómica iraquí para convencerse de que Bagdad ha desarrollado armas nucleares. Incluso ha dejado abierta la posibilidad de que el Irak pueda evitar una guerra si cumple con las cinco condiciones enumeradas en el discurso, aunque ha dejado bien claro que el único Irak viable no tendrá como presidente a Sadam Husein.

Las primeras no-reacciones de Moscú y Pekín no se deben a la diferencia de hora, sino a un apoyo táctico que casi garantiza la ausencia de veto si se llega a presentar una resolución de uso de fuerza contra Irak, mientras que en Washington, el Partido Demócrata no puede criticar a Bush por no atender a la ONU, ni por darle demasiado protagonismo y se limita a pedir “más tiempo”. Lo tiene, porque con el planteamiento actual es prácticamente imposible ninguna acción antes de diciembre.

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