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La victoria imprescindible

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Después de semanas persiguiendo una solución diplomática, el gobierno norteamericano ha tenido que aplicar la norma de “la victoria es insustituible” y ha decidido poner el motor delante del carro con una ofensiva militar.

Hasta la captura y asesinato del líder pachtún Abdul Haq, los diplomáticos norteamericanos se aferraban a la esperanza de conseguir deserciones en terroritorio talibán para formar una coalición con las fuerzas de otras zonas del país, pero ahora ha quedado claro que a los talibanes tan solo los abandonarán cuando las tribus de su propia etnia se hayan convencido de que están en el bando perdedor.

Mientras vean que todo el poderío económico, técnico y militar norteamericano es incapaz de desalojar a los talibanes, no solo ya de su plaza fuerte en Kandahar, sino incluso de las posiciones del norte rodeadas por uzbecos y tachikos, tienen pocos motivos para abandonar a los esbirros del momento.

La nueva estrategia de Washington es más parecida a los hábitos locales y consiste en aliarse con quienes puedan ganar, que en este momento parece ser tan solo la Alianza del Norte a la que ha dado vía libre para marchar hacia Kabul y recibe toda la ayuda que materialmente es posible para retomar la ciudad clave de Mazar e Sharif.

Los aviones JSTAR y Global Hawk que empiezan a operar en el Afganistán, además de los bombardeos masivos desde los B-52 pueden ser mucho más efectivos para formar una gran coalición en una tierra que, a lo largo de la historia, ha vendido sus alianzas al mejor postor. Tras la leyenda de sus indómitos guerreros, se oculta un país en que los principios y la diplomacia tienen poco peso, no solo porque las armas respetan más la fuerza que las ideas, sino porque sus principales negocios son la heroína y el contrabando.


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