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EDITORIAL

Sánchez, el gran despilfarrador, sólo vuela en Falcon

Que Sánchez se desplace como un sátrapa cuando exige a los españoles sacrificios de toda índole, a cada cual más caprichoso e injusto es un insulto.

En pleno contexto de ajustes, recortes, austeridad, decretos autoritarios sobre el ahorro de energía y una inflación desatada, Pedro Sánchez ha vuelto a recurrir a uno de los aviones de transporte VIP del 45 Grupo del Ejército del Aire, un Dassault Falcon 900, para salvar la distancia entre Lanzarote, donde pasa las vacaciones en la residencia Real de La Mareta, y la isla de La Palma, a 410 kilómetros.

Sánchez podría haber tomado un vuelo regular entre ambas islas del archipiélago Canario, pero ha preferido uno de sus medios de transporte habituales junto al helicóptero. Las medidas de ahorro de energía y contención del gasto que impone de forma tan arbitraria como totalitaria al conjunto de la sociedad no van con él.

Tal vez consciente del creciente rechazo social de su gestión, sabedor de que allá donde va se encuentra con ciudadanos desesperados por culpa de sus políticas que le cantan las cuarenta, Sánchez ha decidido no asumir las consecuencias de los disparates de su Ejecutivo y desplazarse de una isla a otra en Falcon, haciendo honor al alias de "Falconetti".

Pero el avión presidencial no sólo ha cubierto en 52 minutos –20 menos que la aerolínea regular que conecta Lanzarote y La Palma– el viaje de "trabajo", sino que para ello ha tenido que hacer en vacío 3.160 kilómetros de vuelo entre Madrid y las Islas Canarias para satisfacer los deseos y servir al confort del presidente del Gobierno. El coste ya sería un exceso en épocas de normalidad económica, pero en la actual situación resulta más que desorbitado, aunque Sánchez cuenta con la ventaja de que toda la transparencia que predica para el común no afecta a sus gastos suntuarios, sometidos a una protección superior a la del "alto secreto" que contempla la nueva ley de secretos oficiales que su fiel ministro de la Presidencia, Félix Bolaños, prepara para satisfacer a los socios proetarras y golpistas.

Que Sánchez se desplace como un auténtico sátrapa cuando exige a los ciudadanos españoles sacrificios de toda índole, a cada cual más caprichoso, injusto e ilegal, es un insulto y una agresión contra una población que contempla espantada el brutal incremento de la factura de productos y servicios básicos.

Debido a ese furibundo secretismo que cubre los dispendios del presidente se desconoce con exactitud cuánto dinero nos cuesta a los contribuyentes que Sánchez se conduzca como un jeque dilapidando los recursos públicos. Entre combustible, mantenimiento, tripulaciones, provisiones de los mejores vinos y jamones y demás costes, las facturas tienen que ser más que millonarias y, encualquier caso, son un disparate.

Pero todo es poco para quien conduce a España a una catástrofe económica sin precedentes y que ha aprovechado el viaje propagandístico para negar que a la vuelta de las vacaciones vaya a hacer cambios y reducir la gigantesca trama de ministros, altos cargos y asesores de la que se ha rodeado. Nos esperan unos meses trágicos y unos años muy duros, pero el presidente del Gobierno carece de toda empatía. Se sabe condenado en las urnas y va a dejar las arcas vacías tras someter a la población a unos planes de ahorro indecentes, como mínimo, a la vista de su comportamiento.

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