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Emilio J. González

El cachondeo fiscal en el punto de mira

Como sabe cualquier experto con dos dedos de frente y un mínimo grado de independencia, el camino emprendido hace ya meses por el Ejecutivo no conduce más que a hacer que la crisis sea más grave y duradera.

Emilio J. González
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El presidente del Gobierno se cree que basta con desear una cosa para que ésta se convierta en realidad, que no hay más que hacer política de marketing acerca de lo bien, en su opinión, que el Ejecutivo está gestionando la crisis para que todo el mundo se lo crea y la situación se enderece. Por ello, Zapatero –que por lo visto sigue viviendo en su particular torre de marfil en todo lo que a la crisis económica se refiere– siempre arremete contra todos aquellos que vierten sus críticas contra su gestión en este terreno, por muy fundadas que dichas críticas puedan estar. Lo hizo cuando, antes de las últimas elecciones generales, acusó de antipatriotas a todos aquellos que hablaban de una crisis cuya existencia se pasó meses negando y ahora lo hace contra las agencias de rating, en concreto contra Standard & Poor’s, que ha advertido que puede revisar a la baja la calificación de la deuda pública española, con todas las consecuencias negativas que ello implica, en forma de mayores tipos de interés para la economía española.

Es verdad que las agencias de calificación están en entredicho después de su papel en la formación de la crisis financiera internacional. Pero el problema para Zapatero es que ya antes de que S&P advirtiera de la posibilidad de rebajar la calificación de la deuda española, los mercados ya venían penalizando a nuestro país y a la política de gasto público indiscriminado que el presidente puso en marcha antes y después de las elecciones. Hace apenas cuatro meses, el diferencial de tipos de interés de la deuda pública española con el bono alemán se situaba en menos de tres décimas. Ese diferencial, que mide el riesgo de invertir en una economía u otra, esta semana ya se ha alcanzado casi un punto. Y es que los mercados no necesitan que venga S&P ni nadie a explicarles que lo que está haciendo el Gobierno con el gasto público es un disparate. Ellos mismos saben perfectamente sacar sus propias conclusiones porque para eso se juegan su dinero y, desde luego, no quieren perderlo. Por ello, de unos meses para acá, juzgan cada vez más arriesgado invertir en deuda española y a causa de ello exigen una rentabilidad mayor que les compense ese riesgo: esa rentabilidad que se refleja en el incremento del diferencial de tipos con Alemania.

Zapatero se creyó que bastaba con tirar de chequera para resolver los problemas de la economía española, cuando no es así. Pensó que sus medidas de corte populista eran suficientes para tranquilizar a la población acerca de la crisis y para hacer que la economía funcionara y se equivocó de pleno porque, en realidad, lo único que ha hecho ha sido dilapidar el superávit presupuestario para satisfacer compromisos electoralistas y tratar de comprar votos, porque de medidas presupuestarias reales que sirvan para sacar a la economía española de la crisis, nada de nada. Y eso es lo que castigan los mercados: en unos momentos en los que todo el mundo está emitiendo deuda a mansalva y saturando de bonos las carteras de los inversores. Para complicar más las cosas, ahora el Gobierno va a regalar ingentes cantidades de recursos a las autonomías, en lugar de utilizarlos para hacer lo que hay que hacer, esto es, bajar los impuestos a las empresas y las familias, con el fin de ayudar a mantener y crear empleo y a estimular el consumo privado. Con ello, el Estado se queda prácticamente sin margen de actuación desde el punto de vista de la política fiscal porque lo cede a unas autonomías que no hacen más que gastar y gastar, tanto lo que tienen como lo que no (aun cuando no se atreven a pedirlo a los ciudadanos porque subir impuestos es muy impopular).

Es este cachondeo fiscal el que penalizan los mercados y pone en entredicho la calificación de la deuda española, porque todo ese dinero público, ese déficit presupuestario creciente, no va destinado a inversiones productivas que alimenten el crecimiento económico y la creación de empleo o a recortes de impuestos que tengan el mismo efecto, sino a medidas de impacto nulo que comprometen los presupuestos futuros y van a disparar el déficit público en los próximos ejercicios. Y es que, al final, el no hacer política económica o el no tomar las medidas que realmente demanda la situación tiene un coste. Con el dinero no se puede jugar, y mucho menos ahora que es tan escaso y que hay tantos países y tantas empresas y entidades financieras demandándolo a mansalva, pero esta idea tan sencilla de comprender no le entra en la cabeza a Zapatero. Como tampoco que los mercados critiquen su política en la forma en que lo hacen ni piensen, como hace cualquier experto con dos dedos de frente y un mínimo grado de independencia: el camino emprendido hace ya meses por el Ejecutivo no conduce más que a hacer que la crisis sea más grave y duradera porque, como sigan así las cosas, España no va a poder aprovechar las nuevas bajadas de tipos de interés que prepara el Banco Central Europeo debido a que los mercados van a seguir penalizando el cachondeo fiscal que nos traemos por estos pagos en forma de tipos de interés más altos. ¿Por qué en lugar de tanta política de marketing, de tanto esfuerzo por desviar responsabilidades, Zapatero no se pone de una vez por todas a resolver los problemas de la economía española?

El Sr. González es profesor de Economía de la Universidad Autónoma de Madrid. Comentarista político en el programa Es la Mañana de Federico, de esRadio. Miembro del panel de Opinión de Libertad Digital.

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