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Emilio J. González

El espejismo económico de ZP

se pinten las cosas del color que se pinten, la realidad es la que es, por mucho que las palabras con las que se defina traten de presentarla de manera diferente

Emilio J. González
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No hay nada como la retórica parlamentaria para ofrecer una imagen de la realidad con tonos distintos a los que la definen. Lo malo es que, se pinten las cosas del color que se pinten, la realidad es la que es, por mucho que las palabras con las que se defina traten de presentarla de manera diferente. El contenido económico del discurso de Zapatero en el debate sobre el estado de la Nación encaja perfectamente con estos términos. ZP presentó un panorama de realizaciones y actuaciones, de denuncias hacia el Gobierno del PP y de halagos hacia el suyo, vestido con unas palabras que presentaban ante el oyente un panorama poco menos que idílico. Pero al hacer el contraste con la realidad lo único que aparece es un vacío casi total de ideas y hechos, así como todo un conjunto de tergiversaciones para ocultar que lo poco que se ha realizado en materia de política económica desde que los socialistas volvieron al poder ya se había gestado e iniciado con el anterior Gobierno del Partido Popular.
 
Zapatero acusó a sus antecesores en el poder de contraer deudas de manera irresponsable, en referencia sobre todo al caso de los astilleros de Izar, un problema que, como no podía ser menos en el discurso del presidente del Gobierno, han resuelto los socialistas. Pero lo cierto es que lo que ha ocurrido es que el Ejecutivo no ha sabido defender en la Unión Europea el plan de saneamiento de los astilleros públicos, como sí han hecho otros países, y, de esta manera, mientras otros Estados no han tenido problemas, España se ha visto abocada a una nueva e innecesaria reconversión y a tener que devolver dinero de ayudas públicas tan sólo porque nuestros socialistas metieron la pata hasta la cadera en su afán por descalificar a cualquier precio la gestión de los populares. Y a eso ahora lo llaman contraer deudas de manera irresponsable por parte del Gobierno anterior.
 
Con las cuentas públicas ocurre tres cuartos de lo mismo. Desde el día en que el PSOE ganó las elecciones, trató por todos los modos habidos y por haber de encontrar un agujero en los presupuestos del PP del tamaño del que ellos dejaron en 1996, que ascendió a más de medio billón de nuestras antiguas pesetas. Incluso dieron órdenes a los funcionarios de Hacienda y de la Intervención General de la Administración del Estado de buscar pagos pendientes u ocultos en cualquier cajón y hasta debajo de las alfombras y detrás de los cuadros. Pero como las cuentas de los populares estaban claras, no fueron capaces de hallar nada de nada y tuvieron que sacarse de la manga que los presupuestos estaban falseados porque no se habían incluido en ellos partidas como las pérdidas de RTVE o el dinero pendiente de abonar a Andalucía por el modelo de financiación autonómica que el Ejecutivo andaluz había rechazado de plano sólo por llevar la contraria al Gobierno de Aznar. La verdad, sin embargo, es muy distinta. Los del PP absorbían todos los años en el presupuesto las pérdidas de la televisión pública, y no sólo eso, sino que, además, el saldo presupuestario al cierre del ejercicio era siempre mucho mejor que el previsto inicialmente. Y en cuanto al dinero andaluz, cuando se hicieron los presupuestos de 2004, la Junta de Andalucía aún no había solicitado su pago ni había manifestado la menor intención de aceptar el modelo de financiación autonómica puesto en marcha por el PP, con lo cual no había por qué computar esa partida en aquellos momentos y, además, el presupuesto tenía margen de sobra para afrontar ese y otros pagos. Pues aquello Zapatero lo viste ahora como que los del PP trucaban las cuentas y ellos no. Lo que hay que oír.
 
Una historia parecida sucede con la marcha de la economía. Zapatero dice que ahora España crece más y crea más empleo, pero nadie vemos por ningún sitio aquellas tasas del 4% y el 5% alcanzadas en los años de Gobierno del PP. Es más, todos los analistas insisten en que este año la economía crecerá menos que en 2004. ¿Cómo lo va a arreglar Zapatero? Con un simple truco de prestidigitador: este año, el Instituto Nacional de Estadística ha puesto en marcha el nuevo método de cálculo del PIB y su evolución, que arroja tasas de crecimiento más elevadas que el anterior, para este año y los anteriores, todo sea dicho. Pero lo que no va a cambiar es que la actividad productiva era mucho más dinámica en 2001, 2002, 2003 y 2004 que en 2005 y eso Zapatero no lo va a arreglar, entre otras cosas porque su famoso plan de medidas para estimular la productividad no sirve para nada, no es más que letras sobre papel vacías de contenido efectivo para dar nuevos impulsos a la actividad productiva. Pero ya sabemos que lo que hacen los prestidigitadores es presentar una ilusión como si fuera una realidad, cuando no es más que un simple truco que ofrece una apariencia de las cosas distinta a las que éstas tienen por su propia naturaleza.
 
Y si hablamos de Galicia, volvemos a lo mismo, porque el Gobierno socialista ha parado en seco el Plan Galicia y dice, sin embargo, que a esta región los socialistas les dan ahora más dinero que nunca. En cambio, con el plan de infraestructuras no sucede lo mismo porque lo han congelado sin explicaciones consistentes, el Ministerio de Fomento no hace nada y, sin embargo, a nuestro ZP eso no parece preocuparle demasiado.
 
La política de vivienda de Zapatero, como no podía ser menos, también es maravillosa. Resulta que los socialistas han puesto en el mercado en el año que llevan en el poder una cantidad de suelo público para la construcción de viviendas protegidas superior al total de suelo público movilizado con estos fines en toda nuestra democracia actual. Pero, mire usted por donde, resulta que todo esto ya lo había iniciado el PP y los socialistas lo único que han hecho ha sido dejar que las cosas siguieran su curso, que ya estaba bastante avanzado, por cierto. Y, mientras tanto, ese experimento de Ministerio de Vivienda y su titular, María Antonia Trujillo, en el mejor de los casos sigue sin hacer nada y, en el peor, se lanza con propuestas tan absurdas e injustificables como la Agencia de Alquiler o las infraviviendas de 30 metros cuadrados. Así resolvemos las cosas todos.
 
Por último, el señor Zapatero se mostró encantado del proceso de reforma de los estatutos autonómicos abierto por su Gobierno para satisfacer a sus aliados catalanes, un proceso que también alcanza a la financiación autonómica. Con ello, ahora resulta que vamos a cambiar el principio de cohesión y solidaridad territorial, que rige en esa Unión Europea –entre países y dentro de cada Estado miembro– de la que ZP dice estar tan cerca, por el del justo reparto, que no es otra cosa que las autonomías más ricas, como Cataluña –que lo es, entre otras razones, y fundamentalmente, porque pertenece a España– se queden prácticamente con todos los impuestos que se recaudan en su territorio y a las regiones más pobres –Andalucía, Extremadura y Castilla-La Mancha, curiosamente las tres autonomías gobernadas siempre por los socialistas desde que entró en vigor la Constitución de 1978, que las zurzan. Esta es la maravillosa política económica que el presidente del Gobierno presentó en su discurso sobre el estado de la Nación. Tú sí que vales, ZP.

El Sr. González es profesor de Economía de la Universidad Autónoma de Madrid. Comentarista político en el programa Es la Mañana de Federico, de esRadio. Miembro del panel de Opinión de Libertad Digital.

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