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Emilio J. González

Falsas esperanzas

la crisis de Izar se produce, precisamente, por la falta de pedidos para sus astilleros civiles y esto no va a cambiar por el simple hecho de que entrase en su capital un accionista privado

Emilio J. González
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Si el Gobierno quiere resolver de verdad los problemas de los astilleros de Izar, lo primero que tiene que hacer es poner los pies en el suelo, ser realista y no suscitar falsas esperanzas, que luego pueden volverse en su contra, como las que levantaron las palabras de José Luis Rodríguez Zapatero el pasado domingo.
 
El Ejecutivo confía en que los astilleros civiles de Sestao, Gijón, Sevilla y San Fernando (Cádiz) podrán privatizarse o, al menos, dar entrada en ellos al capital privado ya que la Unión Europea no autoriza inyecciones de dinero público a la construcción naval. Pero la cuestión básica es quién va a querer embarcarse, nunca mejor dicho, en esa aventura cuando la mayor parte de los astilleros civiles de Europa y buena parte de los estadounidenses han tenido que echar el cierre al ser incapaces de competir con los barcos fabricados en Corea del Sur, a quien acusaron en repetidas ocasiones de practicar dumping. Hoy, esa situación no ha cambiado. De hecho, la crisis de Izar se produce, precisamente, por la falta de pedidos para sus astilleros civiles y esto no va a cambiar por el simple hecho de que entrase en su capital un accionista privado, si es que hay quien quiera atreverse a invertir en un sector que, actualmente, es ruinoso en toda Europa.
 
Zapatero prometió el domingo la puesta en marcha de un plan de viabilidad para Izar pero ahora hay que ver qué significa eso, porque plan de viabilidad es sinónimo de despidos y eso no será fácil de aceptar para algunas formaciones políticas, como Izquierda Unida, que brindan su apoyo al Gobierno socialista en el Parlamento. Además, los astilleros ya tienen ese plan, que estaba empezando a dar buenos resultados en forma de venta de fragatas a Noruega o de submarinos a Taiwan. Junto a ello, la compañía estaba trabajando en el desarrollo de nuevos proyectos, como el buque de proyección estratégica, en el ámbito militar, o el carguero transatlántico de alta velocidad (cruzaría el océano en 30 horas) en el terreno civil. El futuro del negocio está ahí, pero para ello hace falta inversión en I+D militar cuyos resultados luego tienen aplicación y salida en la navegación civil y permiten que Izar, más adelante, pueda aspirar a un futuro mejor. Pero los socialistas, cuando estaban en la oposición, criticaron con dureza este tipo de inversiones y ahora, en plena crisis, no han hablado de incrementarlas, que es lo que necesitan los astilleros para tener futuro. Y, si lo hicieran, probablemente volverían a encontrarse con problemas con quienes respaldan sus decisiones en el Congreso de los Diputados.
 
Izar tiene solución a medio plazo si se toman las decisiones correctas, por muy dolorosas que puedan resultar algunas de ellas. Pero debe hacerse con los pies sobre la tierra y sin emplear la demagogia fácil de que hizo gala Zapatero el domingo, que sólo crea falsas esperanzas y, con ellas, más dificultades.

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