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La penúltima bala

Ahora solo le queda el cambio de Gobierno como último recurso, pero esto solo le servirá si conlleva un verdadero cambio en la política económica.

Emilio J. González
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¿A qué juega Mariano Rajoy? En contra de lo que dice el Gobierno, de quien, visto lo visto el pasado viernes, ya no nos podemos fiar ni un pelo, no vamos a salir de la crisis hasta 2018, como pronto. El problema, de entrada, es que esa fecha es demasiado lejana y hasta llegar a ella todavía habrá que ver más desaparición de empresas, más destrucción de puestos de trabajo, más gente que pierde la prestación por desempleo y más sufrimiento en todos los estratos sociales. Este es el escenario teórico resultante de los modelos si el Ejecutivo sigue como hasta ahora, sin hacer nada de lo que tiene que hacer, que no es otra cosa que recortar el gasto público metiendo mano a las autonomías. Pero la cosa puede ser aún más dura. De seguir las cosas como hasta ahora, para esa fecha la deuda pública estará en un nivel en torno al 120% del PIB y la pregunta es si, mientras nuestro endeudamiento sigue creciendo de forma desbocada, los mercados se van a quedar quietos, de brazos cruzados, contemplando el panorama tranquilamente. Yo creo que no. Yo creo que antes van a reaccionar de la forma en que hemos visto que trataron a Grecia cuando empezaron a sospechar que el país era tan insolvente como su Gobierno incapaz de corregir el rumbo de la situación. Entonces vendrá la intervención.

¿Cuándo se pueden empezar a poner nerviosos los mercados? Pues mucho antes de lo que el comportamiento de la prima de riesgo en los últimos días sugiere, porque es un comportamiento desvirtuado por el hecho de que, por fin, hay Gobierno en Italia y, sobre todo, por la expectativa de que el Banco Central Europeo baje todavía más los tipos de interés. Pero eso es ahora, en la primavera de 2013. En el otoño hay elecciones en Alemania, y creo que a partir de entonces las cosas van a cambiar, si no lo hacen antes, y quien salga elegido canciller se va a dejar de contemplaciones con España, porque eso es lo que, muy probablemente, le van a demandar los votantes. Pero incluso puede que no haya que llegar necesariamente a ese momento. Basta con echar un vistazo a este país para ver cómo están las cosas en la calle; basta con leer las encuestas de intención de voto para entender lo nerviosos que se están poniendo en el PP ante la indolencia de un Rajoy cada día más desgastado políticamente. Por eso no hay quien entienda su estrategia.

El pasado viernes pudo anunciar todo un verdadero paquete de medidas de reforma económica y recorte del gasto público que empezara a enderezar la situación, pero se limitó a observar la prima de riesgo y lo único que hizo fue aquello a lo que le obligó la Unión Europea. Con ello ha desperdiciado la penúltima bala de su supervivencia política. Ahora solo le queda el cambio de Gobierno como último recurso, pero esto solo le servirá si conlleva un verdadero cambio en la política económica, para hacer lo que hay que hacer. ¿Es que nadie en su entorno es capaz de hacerle comprender que la paciencia se ha agotado, porque todos ya saben que aquí no va a ocurrir nada que nos salve por arte de magia?

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