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Emilio J. González

Zapatero contra Europa

En las últimas campañas electorales, uno de los lemas favoritos de Zapatero y los socialistas era que se votase al PSOE para reintegrar a España en Europa. Lo que está haciendo Zapatero con la cuestión de E.On es sacarnos de ella.

Emilio J. González
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El presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, probablemente va a tener que pensarse muchas cosas respecto a las trabas e impedimentos que está levantando el Ejecutivo a la OPA de E.On, después de la cumbre europea de primavera que tiene lugar estos días en Bruselas.

Las cumbres de primavera de la Unión Europea fueron instauradas a principios de esta década para seguir, con carácter anual, la aplicación de las liberalizaciones y reformas estructurales acordadas en la cumbre de Lisboa de marzo de 2000, encaminadas todas ellas a facilitar la conversión de la economía de la UE en la más competitiva del mundo. Con este espíritu, los líderes comunitarios se reúnen todos los años al comienzo de la primavera para pasar revista a las realizaciones llevadas a cabo –no muchas, la verdad– y a las tareas pendientes. Este año, además, uno de los objetivos de los jefes de Estado y de Gobierno europeos es impulsar una política energética común. Por tanto, el escenario que se dibuja para Zapatero en la reunión es uno de los peores posibles.

Con estas intenciones comunitarias, Zapatero va a tener muy difícil la defensa de su posición contraria a que E.On se quede con Endesa. Los llamamientos contra el nacionalismo económico en la UE están a la orden del día e, incluso, el propio presidente de la Comisión Europea, José Manuel Durao Barroso, ha pedido que de la cita de este año salga un pronunciamiento claro de la cumbre contra los nacionalismos económicos. En estas circunstancias, Zapatero puede encontrarse muy solo ya que, en principio, su posición solo contaría con el apoyo de un Gobierno francés debilitado por las protestas internas de los sindicatos y los jóvenes contra el nuevo contrato de primer empleo propuesto por el primer ministro galo, Dominique de Villepin.

Los demás países, en cambio, están más o menos abiertamente en contra de la posición de Zapatero, sobre todo el Gobierno alemán que, a diferencia de lo que hace Zapatero, va a tratar de defender los intereses de E.On, que para eso es una empresa de pasaporte germano. Y aunque los alemanes también tienen muchas cosas que callar en materia de nacionalismo económico, no hay que olvidar que en la UE muchas veces se actúa de una forma en términos domésticos y de otra muy distinta en los asuntos comunitarios. Alemania y Francia, por ejemplo, fueron los principales promotores de las advertencias a Irlanda por incumplir los preceptos del Pacto de Estabilidad de la Unión Monetaria Europea cuando los gobiernos de ambos países sabían perfectamente que ellos iban a superar con creces el límite del 3% impuesto por el Pacto a los déficit presupuestarios de los países del euro. Con semejantes antecedentes, no se puede descartar, ni muchos menos, que ahora se produzca una situación similar contra España a causa del decreto contra E.On.

Zapatero tiene muy pocas posibilidades de defensa de su posición frente a las posiciones comunitarias. Por un lado, ha cometido el error de saltarse a la torera el requerimiento de la Comisión Europea para dar explicaciones acerca de dicho decreto, explicaciones que, se supone, dará en esta cumbre, con lo cual tiene abiertamente en contra a un colegio de comisarios que no está dispuesto a que le tomen por el pito del sereno, como ha dejado claro con su anuncio, esta misma semana, de la apertura de un expediente contra España por la cuestión de E.On. Y a la Comisión no le va a detener ni intimidar la argucia del Ejecutivo de acudir a la cumbre con el decreto contra E.On refrendado por el Congreso de los Diputados, como política de hechos consumados, para argumentar que se trata de una decisión soberana del Parlamento español, porque la Comisión, a lo largo de su historia, ya ha echado por tierra muchas decisiones de parlamentos nacionales. Por otro, el presidente del Gobierno acude a la cita con el auto de la magistrada Miriam Iglesias, titular del Juzgado de lo Mercantil número 3, que paraliza cautelarmente la OPA de Gas Natural sobre Endesa, todavía calentito, un auto que se fundamenta, además, en una posible violación del artículo 81 del Tratado de la Unión Europea. O sea, el Gobierno, además de vulnerar las libertades fundamentales de establecimiento y movimiento de capitales, ahora se encuentra con que ha dado luz verde en el Consejo de Ministros a una operación, la OPA de Gas Natural, que vulnera otro precepto comunitario: el de prohibición de acuerdos entre empresas que impidan la competencia, que es a lo que se refiere el citado artículo 81.

Zapatero, por tanto, puede salir de la cumbre más que escaldado, y probablemente lo sabe si tenemos en cuenta la amenaza velada dirigida a E.On a través de El País con eso de que el Gobierno puede causar mucho daño a la eléctrica alemana. Los alemanes no necesitaban que El País se lo recordase porque lo saben de sobra; aún así, están dispuestos a seguir adelante, ahora que han visto una puerta para penetrar en el sector eléctrico español que Zapatero y los suyos nunca debieron abrir, porque tienen un Gobierno fuerte que les respalda. Con ese Gobierno va a tener que negociar Zapatero muchas cosas en el futuro, entre ellas, los fondos europeos.

En las últimas campañas electorales, uno de los lemas favoritos de Zapatero y los socialistas era que se votase al PSOE para reintegrar a España en Europa. Lo que está haciendo Zapatero con la cuestión de E.On es sacarnos de ella.

El Sr. González es profesor de Economía de la Universidad Autónoma de Madrid. Comentarista político en el programa Es la Mañana de Federico, de esRadio. Miembro del panel de Opinión de Libertad Digital.

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