Menú
GEES

Cambios para mejorar

Un régimen democrático árabe, digno de ser reconocido, deberá colaborar en la lucha contra el terrorismo, y ésta es la prueba que muestra quién está por la labor y quién no.

GEES
0

Comparadas con el régimen democrático, todas las dictaduras son malas; entre ellas, no obstante hay diferencias. La corrupta dictadura de Alí era preferible al despotismo talibán o al chiismo salvaje iraní. Con lo que la revuelta habrá merecido la pena sólo si se gana en libertades, no si se pierden. Pero si lo que viene en Túnez es un engendro islamista tan al gusto de la izquierda europea, nada de lo ocurrido en los últimos días habrá merecido la pena: habremos pasado de lo malo a lo peor. De lo que se trata –seamos inflexibles con los revolucionarios– es de mejorar.

Un triunfo de la democracia en Túnez, o en otros países, dependiendo de la situación, dependerá de cuatro puntos: elecciones libres, libertades básicas, apertura económica y transparencia política. ¿Serán los tunecinos u otros capaces de lograrlo? Difícil. Lo único claro es que de él deberían quedar excluidos comunistas e islamistas, enemigos declarados de todas ellas. No está mal recordar que la inclusión en el Gobierno o en el juego democrático de partidos islamistas es un contrasentido. No hay, de Indonesia a Rabat o Ankara, un solo partido islamista que no trabaje para eliminar cualquier atisbo de libertad democrática e instaurar una República Islámica antiliberal. Túnez o los países que le puedan seguir en las revueltas no son una excepción. Lo que muestra la situación es que no hay término medio, y uno acaba oscilando hacia unos u otros.

Conviene recordar, cuando se avecinan cambios en gobiernos y regímenes, que la relación entre islamismo moderado y radical es sólo en cuanto a los medios, no los fines. No hay un solo régimen en países musulmanes -que se declare a sí mismo islámico- que respete libertades básicas. En el mejor de los casos, hace avanzar a la sociedad hacia una progresiva islamización, como Erdogán en Turquía. Si el islamismo, en cualquier variante, llega al poder en Túnez o Egipto, podemos vivir una deriva a la turca o a la iraní jomeinista, con los radicales eliminando cualquier otra oposición. Hay que mantenerlos a toda costa fuera del poder. En cuanto al fundamentalismo, hay que valorar la posibilidad de mantener al islamismo radical fuera de la ley.

Un régimen democrático árabe, digno de ser reconocido, deberá colaborar en la lucha contra el terrorismo, y ésta es la prueba que muestra quién está por la labor y quién no. Túnez deberá decidir si está contra él o si prefiere la ambigüedad suicida de otros países. Lo mismo si alguien, fuera de los Hermanos Musulmanes, ocupa el poder en El Cairo. El Baradei como alternativa sólo será respetable en este caso.

Por otro lado, un régimen democrático serio en la región sólo puede ser occidentalista, abierto al oeste y a sus economías e instituciones políticas. El bienestar de Túnez o de quienes puedan seguirle sólo podrá lograrse acercándose a Estados Unidos y Europa, y convirtiéndose en fiel aliado de éstos en la región. La actitud de futuros gobiernos en la zona en este punto permitirá ver el grado de compromiso democrático.

Por supuesto, la sociedad abierta deberá además mantener unos niveles de transparencia para los organismos económicos internacionales, únicos capaces de legitimar un sistema económico e impulsarlo en la comunidad internacional. Y de igual manera, deberá ser escrupuloso con el respeto a las libertades básicas que en democracia son indispensables, y que distinguen a este régimen de una tiranía.

La situación en Túnez, Egipto y otros países puede transitar por muchos caminos. Pero democrático sólo hay uno: uno que excluya a los partidos islamistas antidemocráticos, radicales o no; que colabore activamente en la lucha contra el terrorismo; que se integre en los mercados y las instituciones internacionales siendo fiable y transparente; y que respete derechos y libertades básicos e irrenunciables. Se nos dirá que somos exigentes respecto a ello. Puede. Pero es la hora de ser exigentes con los actores que pugnan por desalojar del poder a gobernantes y sustituirles. Sólo nos valen cambios para ir a mejor. Para lo otro, ya tenemos Irán o Gaza.

© GEES, Grupo de Estudios Estratégicos.

En Internacional

    Lo más popular

    0
    comentarios

    Servicios