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Caramelos a Bush

No es fácil explicar a su electorado radical que se insulta a Bush día si y otro también, pero que se le quiere contentar con unos pequeños caramelitos. Los únicos, dicho sea de paso, que tiene Rodríguez Zapatero

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El ansia de que el actual gobierno padece para decir a los españoles que las relaciones con los Estados Unidos se han normalizado hace que cada vez que un ministro va a Washington, además de una foto, se traiga en cartera una nueva concesión a los americanos, como muestra de buena voluntad. Claro, que eso no se dice públicamente, sino que sigue otros vericuetos.
 
Así, a la visita de Moratinos, le va seguir una concesión inmediata de la mano del ministro de defensa, José Bono, quien se va a encontrar con Donald Rumsfeld –llamarle su homólogo sería un acto de irresponsable generosidad– en un par de semanas. La concesión consiste en que a cambio de esa esperada foto en las escalinatas de la river entrance del Pentágono, Bono le va a prometer que el gobierno español adoptará como sistema de combate de los submarinos S-80 el fabricado por una empresa americana frente a la oferta competidora de los franceses. La decisión no es baladí. La Armada española siempre ha apostado por la opción norteamericana no sólo porque existe y está lista y es consistente con las prácticas de adquisiciones anteriores, sino también porque le abría la puerta a dotarse de misiles de crucero tomahawks, con los que equipararse a otras flotas de combate modernas. No obstante, el entorno presidencial de Rodríguez Zapatero nunca había visto con buenos ojos la adquisición del sistema de Lockheed Martín, por el hecho de ser americanos. Zapatero y Chirac, quien ha insistido en exceso sobre este tema de viva voz, por teléfono y por carta, daban por sentado lo que el anterior gobierno socialista de González aceptó de Mitterrand: que para que España formara parte del Eurocuerpo, sus carros de combate debían ser de etiqueta europea (los famosos leopardos). De ahí que las discrepancias entre la Moncloa y Defensa impidieran una decisión sobre el sistema de combate de los submarinos en este tiempo.
 
Sin embargo, alguien se ha debido dar cuenta de que para los americanos, la compra a Francia significaría ya una declaración de hostilidades justo cuando el gobierno español quiere vender los logros de su ofensiva diplomática. Bono también habrá querido aprovechar esta oportunidad para quedar bien con su gente a la vez que imponer su criterio sobre exteriores. O sea, que todos contentos. Veremos qué dicen los americanos y si compran esta decisión de última hora como un elemento importante en la relación bilateral. Algo más que dudoso.
 
Una segunda concesión aparente ha sido el discurso de Moratinos en la reciente ministerial de la OTAN, donde el ministro español favoreció la discusión sobre el papel que podría jugar la Alianza en el conflicto de Oriente Medio, estrictamente en términos de proceso de paz entre palestinos e israelíes, desde luego. Nada que ver con otras partes de la zona, como Irak. Pero la coincidencia con la secretaria de Estado norteamericana, Condoleezza Rice, quien también animó la discusión podría ser definida como una “falsa amistad”. Entre lenguas distintas pero parecidas, una falsa amistad es el término que se emplea cuando se usa una misma palabra pero con significado distinto. Como los aliados descubrirán, aunque Moratinos y Rice hablaran con las mismas palabras, nuestro ministro pretendía favorecer un diálogo mediterráneo que protegiera la causa de los palestinos mientras que la americana pretendía jugar un papel activo en forzar a las partes a cumplir la hoja de ruta, que no es lo mismo. En todo caso, lo que importa es que por parte española era una cesión a la galería otánica.
 
Con todo, el Gobierno no debe estar muy convencido de su actitud, cuando la mantiene tan callada. No es fácil explicar a su electorado radical que se insulta a Bush día si y otro también, pero que se le quiere contentar con unos pequeños caramelitos. Los únicos, dicho sea de paso, que tiene Rodríguez Zapatero. Veremos si los americanos se los compran.

© GEES, Grupo de Estudios Estratégicos.

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