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Diplomacia y apariencias

No hay rebajas para el triste y chato realismo europeo que no piensa más que en estabilidad y finge que puede desarmar nuclearmente a los ayatolás ofreciéndoles baratijas y abronca a los americanos porque no se les une con su propio muestrario

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¿A qué vino Bush? A casi cualquier cosa menos a lo que parece. No a reconciliarse con los europeos, a reanudar lazos, a obtener colaboración de ellos en Irak y otras empresas de envergadura mundial. A nada de eso, al menos en un sentido auténtico y profundo de las palabras. Quizás si a la consecución de todo ello en la apariencia, a demostrar a propios y extraños que el vaquero tejano también es capaz de ejercer las viejas artes de la diplomacia como representación teatral, distribuyendo sonrisas y dando palmaditas a los que le clavan puñales por la espalda. Con estómago y garbo.
 
Ninguna de las dos partes es tan ingenua como para esperar que los objetivos públicos y publicados de la visita pudieran realizarse. Por si había alguna duda, el viaje previo de su secretaria de Estado dejó claro que la visita sería a palo seco, no había nada para endulzarla. La secretaria se volvió sin secretos. Demasiado bien le han salido a Bush las elecciones iraquíes como para que Chirac y Schröder vayan encima a mejorarle las cosas. Tampoco éstos se chupan el dedo como para hacerse ilusiones de que Bush se les ponga de rodillas implorando ayuda.
 
Así que cada uno a lo suyo y unas florituras galantes para el respetable. Bush aprovecha para reafirmar sus viejas revolucionarias ideas de los discursos de investidura y del estado de la Unión, su fe en la libertad como fuerza para transformar el mundo en algo mejor para los oprimidos y más seguro para todos. No hay rebajas para el triste y chato realismo europeo que no piensa más que en estabilidad y finge que puede desarmar nuclearmente a los ayatolás ofreciéndoles baratijas y abronca a los americanos porque no se les une con su propio muestrario. Respecto a los chinos ya es otra cosa. Se trata de contentarlos con tecnología armamentística avanzada, todo lo avanzada de lo que Europa es capaz, para un país a quien nadie amenaza y que se propone firmemente destruir la próspera democracia taiwanesa porque es un pésimo ejemplo para su población.
 
Pero no olvidemos que la “vieja Europa” era sólo la mitad de la vista. En la parte oriental, los que han recuperado hace poco su libertad han demostrado que todavía aprecian entusiásticamente a quienes la promueven. Pero la otra mitad era en realidad Putin. Con él Bush tiene negocios importantes. Lo necesita para su guerra contra el terror. Parecería que una dosis de realismo acomodaticio era de rigor. No siempre se puede todo y al mismo tiempo. Sin embargo le ha leído la cartilla. Tanta coherencia asusta. Pero si sus odiadores tuvieses una poquita dejarían de acusarlo de hipocresía. Aunque sólo sea porque resulta una memez.

GEES, Grupo de Estudios Estratégicos.

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