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Ejecuciones de primera y de segunda

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La ejecución del jeque Yasín por parte de las Fuerzas Armadas israelíes desató el lógico debate internacional. Por un lado estaba la disputa en torno al cumplimiento o no de lo establecido en el Derecho Internacional. Mientras para unos el combate al terrorismo debe hacerse desde el respeto a la ley, para otros esta particular forma de usar la fuerza requiere de un tratamiento especial, aún no reconocido por el Derecho Público. Por otro lado estaba la discusión sobre la inteligencia del acto, sobre sus aspectos más estratégicos. Un sector de los analistas considera que la desaparición violenta del máximo responsable del grupo terrorista Hamas, de credo islamista y rechazo sin fisuras a la existencia del estado de Israel, no mejora su seguridad sino que radicaliza a las masas árabes y ciega el camino para el proceso de paz. Por el contrario, otros creen que el combate contra estas organizaciones requiere de la acción continua, poniendo a sus dirigentes a la defensiva, dificultando la organización de nuevos ataques y no dejando resquicios a la esperanza de que sus acciones lograrán minar la moral de la sociedad israelí para plegarse a sus chantajes.
 
El veto norteamericano en el Consejo de Seguridad a un proyecto de resolución presentado por Argelia que condenaba la acción ha reconducido el debate hacia la responsabilidad de las grandes potencias, en especial de Estados Unidos y de las naciones de la Unión Europea, en la evolución del conflicto. Así, medios no sospechosos de padecer un antinorteamericanismo primario consideran que el veto ejercido por el gobierno de Washington envía señales peligrosas a Oriente Medio: que Israel puede seguir actuando fuera de la ley y que los árabes serán tratados como ciudadanos de segunda por la potencia hegemónica.
 
El uso de bombas para eliminar dirigentes terroristas -bien portadas por un misil, bien a través de un medio estático- no es nuevo, aunque no parece que cuente con un suficiente respaldo legal. Para poder entrar a valorar estas cuestiones deberíamos tener en cuenta algunos hechos ocurridos en estos últimos años.
 
  1. El Gobierno ruso ha ejecutado a importantes dirigentes chechenos mediante estos sistemas en distintos momentos y en distintos lugares, tanto dentro como fuera del territorio de soberanía, el último hace escasas semanas.
  2. El Gobierno norteamericano eliminó mediante un misil a un grupo de terroristas de la organización Al-Qaeda en Yemen, sin tratar de detener su vehículo y capturar a sus ocupantes.
  3. La comisión que en el Capitolio estudia las responsabilidades por lo sucedido el 11-S parece estar llegando a la conclusión de que los presidentes Clinton y Bush no aprovecharon todas las oportunidades a su alcance para ejecutar a Osama ben Laden mediante el lanzamiento de un misil. El senador y aspirante a la presidencia John Kerry ha criticado duramente al presidente Bush por esta falta de decisión. Crítica que ha sido bien recibida por los medios de comunicación europeos, en cuyas redacciones parecen encontrarse pocos simpatizantes del actual presidente.
 
Es evidente que la sociedad internacional tiene que debatir y tomar posición ante hechos tan importantes como la ejecución del jeque Yasín, tan evidente como que no están claras las consecuencias que su eliminación pueda tener para el futuro de la región. Pero lo que no parece admisible es que exijamos a unos estados lo que no exigimos a otros. Si las denominadas “ejecuciones extrajudiciales” son inadmisibles y requieren de resoluciones condenatorias del Consejo de Seguridad, habrá que hacerlo en todos los casos ¿Por qué quienes se escandalizan cuando es Israel el ejecutor no denuncian el comportamiento de Rusia o de Estados Unidos cuando son ellos los responsables? ¿Por qué Argelia no presentó un proyecto de resolución condenatorio cuando Estados Unidos ejecutó a los miembros de Al-Qaeda en Yemen o Rusia hizo lo mismo con los dirigentes chechenos? La respuesta es sencilla. El problema no está donde se dice. A los críticos no les preocupa tanto el cómo sino el qué. Lo de menos es la forma de la ejecución. Lo importante es que se ha descabezado un grupo terrorista palestino con el que muchos creen que habrá que entenderse para reconducir la situación. Pero explicar esto es más complicado, resulta mucho más fácil criticar a Israel.
 
Denunciar a Estados Unidos y a Israel por el devenir de la crisis de Oriente Medio es fácil y reconfortante. Para los europeos resulta mucho más difícil ser coherentes, aún a riesgo de seguir desacreditando el Consejo de Seguridad. Nuestra exquisita moral acepta perfectamente el doble rasero.
 
Caso aparte es el de Rusia. Quien no tiene reparos en utilizar estos métodos para eliminar a dirigentes chechenos se considera con la autoridad moral suficiente para condenar a Israel por hacer lo mismo ¿Hasta cuándo vamos a estar dispuestos a escuchar lecciones de democracia y derecho internacional de un estado que tantos ejemplos da de su violación?

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