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El americano, el chiita y el judío en la ONU

La última ronda de declaraciones, escamoteos y amenazas por las tres partes implicadas se ha cerrado en Nueva York. Tras las elecciones, veremos.

GEES
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Las angustias por un posible ataque a las instalaciones iraníes de enriquecimiento de uranio, materia prima de las bombas atómicas, se dieron cita este mes en Nueva York con ocasión de la Asamblea General de las Naciones Unidas. El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, lleva todo el año acosando a Obama para que establezca una nítida línea roja de lo que considera permisible en ese terreno por parte del régimen islamista, tratando de apelar a la opinión pública americana por encima de la Casa Blanca. Obama no quiere que haya el menor tufillo a pólvora en su campaña electoral y ha estado eludiendo al israelí hasta el extremo del desaire. Por otro lado, no puede exponerse a ser acusado de débil en materia de seguridad, en la que su reiterado alarde monográfico consiste en la eliminación de Bin Laden, ni tampoco puede arriesgarse a poner en peligro el voto judío, por más que éste sea extraordinariamente fiel al partido demócrata y nada entusiasta de la personalidad del primer ministro judío. Los conservadores americanos no dejan de acusar a su presidente de la dureza de trato que le impone al fiel aliado israelí, frente a las exquisiteces que se gasta con los que amparan o incluso incitan el asalto a embajadas americanas, aceptando las denuncias de aquellos del trivial pretexto del tráiler antiislámico colgado en You Tube como auténtica causa de los actos de barbarie. Tampoco dejan de recordar el rotundo fracaso de sus esperanzas negociadoras con Teherán, simplemente por ser él quien es, y su inhibición en el verano del 2009, recién llegado a la Casa Blanca, ante las duras medidas represivas contra los que protestaban por el amaño de las elecciones que acababan de tener lugar.

Obama ha tratado de cubrir su flanco débil con varias declaraciones de que un Irán armado nuclearmente es inadmisible para los Estados Unidos –"es un profundo interés nacional evitar que consiga el arma nuclear"–, pero se ha resistido en todo momento a especificar qué circunstancia desencadenaría el mecanismo para hacer efectiva esa amenaza. "Una gran potencia no hace eso". Ciertamente cualquiera trata de no atarse las manos, aunque las alianzas suelen estar precisamente para reducir la libertad de acción en un determinado caso, el casus foederis. Los defensores de Obama le recuerdan a Netanyahu que tampoco él ha delimitado con claridad cual es su "línea roja". Bibi se ha sacado una nueva expresión: "zona de inmunidad". No se trata ya de haber alcanzado tal nivel de enriquecimiento o tantos kilos del letal combustible, el peligro inaceptable queda más bien definido por la circunstancia de que las centrifugadores que van separando los átomos enriquecidos quedasen al abrigo de un ataque destructor, lo que se supone que sucedería cuando un determinado número de ellas queden instaladas en los profundos túneles excavados y fortificados al efecto en una montaña en las proximidades de la ciudad de Qom. Ello puede ser que hiciera inefectivo un ataque israelí, lo que sería mucho menos probable del lado americano. La última ronda de declaraciones, escamoteos y amenazas por las tres partes implicadas se ha cerrado en Nueva York. Tras las elecciones, veremos.

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