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Elecciones en Afganistán

Los comicios de abril de 2014 serán decisivos para el país, que ha de demostrar si quiere mirar hacia delante o retroceder hacia la guerra civil.

GEES
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Los talibanes han puesto en marcha su tradicional ofensiva de primavera, la penúltima antes de la salida programada de las fuerzas internacionales. En los años anteriores, esta época siempre ha estado marcada por una intensificación de los combates, y ahora más que nunca es un test clave para las fuerzas afganas y su capacidad para asumir toda la responsabilidad de la seguridad del país, más allá de 2014.

Los medios de comunicación recibieron un email de un portavoz talibán, Zabiulá Muyahid, en el que reivindicaba el bombazo del día 28 en la provincia oriental de Ghazni, en el que murieron tres policías. Se decía además que era el primer ataque de la nueva embestida primaveral, a la que han bautizado con el nombre de un militar y compañero del profeta Mahoma, Jalid ben Waled.

Los "invasores extranjeros" son el objetivo principal, y contra ellos utilizarán "tácticas militares especiales" e "inmolaciones colectivas", de las que no se salvarán las sedes diplomáticas y militares occidentales. Además, han prometido incrementar los ataques desde dentro o green on blue, es decir, los perpetrados por miembros quintacolumnistas de las fuerzas afganas.

En la actualidad hay cerca de 100.000 soldados extranjeros en el país, 66.000 de los cuales son americanos. La prioridad de Washington es reducirlos hasta 32.000 para febrero de 2014 y potenciar las fuerzas afganas. Estamos en un periodo de transición. Transición en lo relacionado con la seguridad pero también en lo relacionado con la economía afgana, que sufrirá una importante reducción de las ayudas externas; y también en lo relacionado con la política, pues Karzai deja la presidencia el próximo años.

Pero ¿hacia dónde va Afganistán ¿Hacia el Estado fallido?

Abril de 2013 ha sido el mes más mortífero en lo que va de año. La escalada de ataques forma parte de una campaña de los talibanes para ganar poder e influencia, no sólo ante la retirada de las tropas extranjeras, sino de cara a las próximas elecciones presidenciales. Aún queda un año, pero los comicios de abril de 2014 serán decisivos, para bien o para mal, para el país, que ha de demostrar si quiere mirar hacia delante o retroceder hacia la guerra civil.

Sin embargo, Occidente y sus aliados aún no han comenzado a prestarle la suficiente atención, mientras que allí sólo se habla de eso. ¿Quién reemplazará a Hamid Karzai? ¿Habrá consenso a la hora de escoger un nuevo candidato? ¿Cuál deberá de ser el papel de Estados Unidos y del resto de la comunidad internacional, para que las elecciones sean más libres y justas que las anteriores? ¿Alguien cree que Pakistán o Irán no tendrán ya a su propio candidato?

Tan preocupado está el equipo de Obama, así como del resto de los aliados, por salir de ahí cuanto antes, que están demostrando una peligrosa pasividad ante las presidenciales; pasividad que sólo puede ser contraproducente. No hay tiempo que perder.

© GEES, Grupo de Estudios Estratégicos.

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