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Exilio vigilado

Las expulsiones sólo han sido logradas por Zapata, al morirse, y por Fariñas, al quedarse cerca. Punto.

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Mucho nos tememos que las excarcelaciones de la tiranía cubana se estén convirtiendo en una operación de propaganda para legitimarla, mostrar una humanidad de la que carece, y generar un exilio menos libre –y por tanto, menos molesto– que el de Miami.

Lo tememos porque Óscar Elías Biscet, uno de los más relevantes presos de conciencia de la dictadura, y otros, se siguen negando a ser expulsados de Cuba. Sigue habiendo cientos de prisioneros políticos, y 11 millones de oprimidos.

Lo tememos porque Moratinos ha corrido a la última reunión europea antes de las vacaciones para pedir la derogación de la Posición Común, rechazada hasta ahora explícitamente no sólo por Francia, Alemania, Suecia y Chequia, sino por los propios disidentes.

Lo tememos porque ha habido insólita contención por parte de las autoridades nacionales en la bienvenida –llamémosla así en honor al hostal Welcome, 13,9 euros la noche, en que fueron alojados– de los primeros deportados por la dictadura.

Lo tememos porque, como advierten las Damas de Blanco, las expulsiones se están realizando sin permiso de despedida: de la cárcel al aeródromo.

Lo tememos porque el presidente del dizque parlamento cubano declaró en Ginebra que habría muchas más "liberaciones".

Lo tememos, por fin, porque hemos visto las intervenciones de Philip Crowley, asistente de Hillary Clinton, en Washington. Martes 13 de julio, pregunta de la periodista: "¿Alguno (de los desterrados o próximos a serlo) ha contactado con la Sección de intereses (nombre de la suerte de embajada que mantiene Estados Unidos en Cuba) para venir a los Estados Unidos en lugar de a España? ¿Quizá de entre los que aún no han salido?". Crowley responde: "No estoy seguro de que... que... quiero decir este fue un acuerdo negociado con cuidado a través principalmente de la Iglesia Católica de La Habana apoyado, obviamente, por el Gobierno de España. Ahora están en España" (Lacursiva esnuestra).

Miércoles 14. Otro periodista vuelve a la carga: "No, si yo se lo pregunto porque en el 2008 cuatro cubanos que habían sido deportados a España no fueron admitidos luego en Estados Unidos". YCrowley vuelve a responder: "A cualquiera que pida acudir a Estados Unidos se le aplicará la legislación vigente. No esperábamos menos de un estado de derecho".

Ciertamente, el mismo portavoz había dicho el día de las excarcelaciones que los Estados Unidos no eran favorables a nada que no fuera la liberación completa e incondicional, aunque celebraran la situación.

Por todo ello, no es ilícito suponer que el cuidado con el que se ha llegado al acuerdo incluye la pena de destierro exclusivamente a España, y hacia su gobierno vigilante, a cambio de no incordiar en exceso al régimen que ha tenido la generosidad de exilar a los reclusos.

Quizá no se ha entendido bien, o la inocencia de algunos añadida a la insensibilidad de muchos ha oscurecido los hechos. Las expulsiones sólo han sido logradas por Zapata, al morirse, y por Fariñas, al quedarse cerca. Punto. Pretender ahora amortizar su sacrificio para relegitimar al régimen y premiarlo por desterrar a personas inocentes, no sería muy edificante por parte de quien lo emprendiera. Lo que es peor, no permitiría albergar esperanza alguna de liberación futura, ni individual, ni colectiva.

© GEES, Grupo de Estudios Estratégicos.

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