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Jericó

El Gobierno de Israel ha hecho lo único que podía ante la falta de garantías: ir a por los terroristas más significados e impedir su liberación. No será la última acción militar que veamos en circunstancias parecidas.

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El asalto de la cárcel de Jericó por unidades militares israelíes, los ataques a intereses occidentales y los secuestros pendientes de resolución son un exponente de la situación creada con el ascenso de Hamás al poder en Palestina y un adelanto de lo que nos podemos encontrar durante los próximos meses.

Las cárceles palestinas vivían en un peculiar régimen, consecuencia de la ficción de estado que allí se da. La Autoridad Palestina tiene el deber de perseguir el terrorismo y de ello depende, más bien dependía, el proceso de paz. Israel no confiaba en que Arafat hiciera cumplir las sentencias, entre otras cosas porque los condenados eran colaboradores suyos que actuaban siguiendo sus indicaciones. La única forma de garantizar la existencia de un sistema penal creíble que permitiera tanto el combate del terrorismo como el desarrollo del proceso de paz era encomendar su custodia a fuerzas internacionales.

Durante la campaña electoral los dirigentes de Hamas anunciaron que si ganaban liberarían a Ahmed Saadat, un dirigente del Frente de Liberación Popular de Palestina, uno de los grupos más radicales que formaba parte de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP), fundada y dirigida por Arafat. Saadat, junto con otros cinco terroristas, se encontraba en la cárcel por haber asesinado en 2001 al ministro israelí de Turismo, Rehavam Zeevi.

Recientemente las unidades británicas y norteamericanas se habían quejado de falta de garantías de seguridad para poder cumplir su trabajo. Un hecho que se había agravado con la liberación irregular de algunos presos.

La ficción de sistema penitenciario diseñado para dar sentido al proceso de paz y mantenido, como el conjunto del proceso, por la buena voluntad y los dineros de los estados occidentales, se hizo añicos en el momento en que Hamas se negó a aceptar la Hoja de Ruta y a reconocer a Israel ¿Por qué iban a continuar respetando los acuerdos sobre mantenimiento de cárceles? Los encerrados son sus héroes y es lógico que traten de liberarlos.

El Gobierno de Israel ha hecho lo único que podía ante la falta de garantías: ir a por los terroristas más significados e impedir su liberación. No será la última acción militar que veamos en circunstancias parecidas. El alto el fuego de Hamas se mantiene, pero la Yihad Islámica ha asumido parte de sus competencias y se encarga de lanzar los cohetes Qassam desde Gaza a las ciudades israelíes próximas. Más tarde o más temprano veremos a los carros de combate israelíes entrar en Gaza para tratar de eliminar a sus responsables. Entonces, como ahora, las calles se llenarán de manifestantes entonando gritos contra Israel.

El proceso de paz ha quedado arrinconado sine die. En Israel se espera la formación de una coalición formada por Kadima y los laboristas para continuar el "desenganche" unilateral, en esta ocasión en Cisjordania. Mientras tanto, con la rutina a la que ya nos tienen acostumbrados, las acciones militares se sucederán para limitar la capacidad operativa de los terroristas. No hay espacio para la ilusión, pero tienen un guión que cumplir.

© GEES, Grupo de Estudios Estratégicos.

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