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La calle aguanta

La violencia se ha enquistado en una parte de la izquierda, ejerciéndola, justificándola o amparándola. El fantasma de Grecia, la posibilidad de que España se asocie en el imaginario internacional al caos griego, se pasea como un escenario catastrófico

GEES
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Llama la atención el contraste entre la fascinación mostrada por los medios de comunicación hacia las algaradas callejeras en Valencia y el carácter casi anecdótico, en términos materiales, de los incidentes. Es cierto que la violencia se ha enquistado en parte de la izquierda espanola, ejerciéndola, justificándola o amparándola, como en el caso de Elena Valenciano o Pérez Rubalcaba, en un enorme ejercicio por parte de éstos de irresponsabilidad política. El fantasma de Grecia, la posibilidad de que España se asocie en el imaginario internacional al caos griego, se pasea como un escenario catastrófico para nuestro país.

Pero pese a las ensoñaciones de éstos últimos, es constatable que el origen de los disturbios está en una minoría perfectamente identificada, impulsada y amparada desde algunos medios de comunicación, ciertas universidades públicas, y parte de algunos partidos políticos y asociaciones. Una parte marginal de la sociedad, pero que trata de imponer una imagen de España "a la griega".

Más allá de esta minoría, la deslegitimación social de los sindicatos y de los movimientos de izquierdas, la conciencia extendida en la gran mayoria de la sociedad española acerca de los difíciles momentos económicos en que vivimos, y el elemental rechazo a la violencia y a la algarada sindical, se han plasmado en el fracaso más o menos relativo de las convocatorias sindicales, y en el desenmascaramiento progresivo del 15M y de sus distintas franquicias.

Lo cual es poco consuelo, porque se trata de una ofensiva basada en la imagen, que hay que afrontar con determinación.  La desactivación de esta ofensiva callejera pasa en primer lugar por las acciones preventivas que disuadan y rebajen la capacidad de actuar de estos grupos; en segundo lugar por la actuación medida y sujeta a derecho y a sentido comun cuando, como en Valencia, la respuesta policial sea imprescindible para restaurar el orden público; en tercer lugar, por una rápida trtamitación judicial de penas y sanciones para los detenidos; y en cuarto lugar por una estrategia de comunicación coordinada que desactive la manipulación y la propaganda del mass-media izquierdista.

Parece claro que el punto álgido del pulso al gobierno en la calle está aún por llegar. Pero también que la calle aguanta, y que la inmensa mayoría de españoles ha dado la espalda a la protesta de sindicatos, partidos de izquierda y grupos extremistas, incapaces de movilizar apenas a unos miles en la calle.

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