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Al fondo, el PNV

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Siempre que puede, mata, hiere, destruye. Lo hará hasta el final, hasta que se logre destruir la banda terrorista. En su entraña está el totalitarismo violento y no hay otro camino que el que, por fin, se ha iniciado. Necesita paciencia, requiere dolor y sacrificio, pero el objetivo es terminar con ETA, destruirla, que es el único modo de terminar con el terror.

Recordemos ahora, para evaluar algunas dificultades políticas, tres declaraciones de los últimos días. Hace apenas una semana, el consejero de Interior del Gobierno vasco, Javier Balza, aseguraba que el diálogo del PNV con la “izquierda abertzale” había avanzado tanto que la ETA actual terminaba siendo residual y contra ella sólo cabía la acción policial. Indignante, pero cierto. La batalla por la destrucción de ETA sólo debería iniciarse, según el PNV, cuando sus tesis hayan impregnado, mediante el diálogo, a todo el nacionalismo. Antes no, antes hay que “avanzar socialmente, en conciencia social”. La invitación era expresa: si me demuestran que no son residuales, sostendremos el diálogo, apartaremos a la policía.

Por si alguien, dada la forma confusa en que se expresó esta doctrina, pensara que el diálogo del PNV con los terroristas ya había alcanzado una cota suficiente, el presidente del partido, aprovechando el enamoramiento de la periodista que le entrevistaba en El País, señalaba este último fin de semana, que, diga lo que diga Balza, ETA no es residual sino “endémica” al País Vasco. Hay que hablar con “la otra ETA, que es Batasuna” y que no lleva armas, hay que quitarles los apoyos, en definitiva, llevando sus tesis a otro cesto. Por último, Iñaki Anasagasti, todavía portavoz del PNV en el Congreso, señalaba, tras las detenciones en México, que olían “a chamusquina” y que no eran sino una operación propagandística del Ministerio de Interior.

Ante el grave problema del terrorismo, actualizado como tantas otras veces con las bombas de este martes en Benidorm y Alicante, conviene recordar estas muestras de indignidad democrática para que nadie tenga la tentación de pactar una política antiterrorista con este PNV amigo y colaborador de la “otra ETA”. El camino es destruirla, cuanto antes, con todos los medios del Estado de Derecho, sin contemplaciones.

Por cierto, en esa misma entrevista, Xavier Arzalluz añadía que el señor Zapatero le había dicho al portavoz Anasagasti que, aunque ahora cierren puertas, “cuando estemos en el poder os abriremos todas”. Ya sé que mienten tanto Anasagsti como Arzalluz, pero convendría que el señor Zapatero lo confirmara.

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