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Comienza el esperpento

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En las negociaciones para la formación del Gobierno de Cataluña hay cosas que pertenecen al guión más elemental, al teatro de la política. Si Esquerra quiere “cero corrupción”, CiU no tiene ningún problema, faltaría más. Si se hubiera pedido “tolerancia cero” con el dogmatismo antidemocrático de propuestas como la de Ibarretxe habría sido otra cosa. Es decir, les habría resultado más difícil disimular. Si CiU da por supuesto que Mas será el próximo presidente, Esquerra no habla de cargos en la primera reunión. Si CiU, además, necesita un gesto inicial más amistoso que el dispensado al Partido Socialista, no hay problema: Esquerra elogia la actitud abierta de sus colegas nacionalistas y lanza una puyita a los socialistas. Si Esquerra desea que el trabajo más pesado comience por CiU, esta coalición presenta un guión con la reforma del Estatuto a la cabeza.
 
Pero no todo es comedia, también hay atisbos de esperpento. El primero, nacionalista. El otro, con el PSOE de actor principal, lo que, visto lo visto, hay que reconocer que no se le da mal.
 
El esperpento nacionalista se refiere a las relaciones con el Gobierno de la Nación. Esquerra no quiere pactos de ninguna naturaleza y CiU habla de negociaciones pero no de pactos. Los de Carod Rovira dan con el ejemplo táctico: Ibarretxe “negoció” la prórroga del Concierto pero no pactó. CiU se apalanca a lo que llaman “discusión semántica”, pero debe estar que se tira de los pelos. Salvar el poder comporta renunciar a los tratos preferenciales del pasado, a las negociaciones de los Presupuestos (ya son conscientes este año del coste de no querer reunirse con Montoro para no dar la impresión de cercanía al PP) y a los éxitos, tan bien vendidos, de presentar resoluciones y proyectos en el Congreso con la anuencia del partido gubernamental. Escribo “partido gubernamental” casi como un eufemismo porque los dos partidos nacionalistas se muestran convencidos de que ganará el PP: “los pactos con el PP son cosa del pasado”, dice CiU; “pase negociar pero votar la investidura de Rajoy es pactar”, dice Esquerra.
 
Y eso a pesar de que los republicanos, seguramente para dar una imagen de Cataluña desconectada con España, quieren al PSC en el Gobierno. “Es cosa vuestra”, dice CiU: si no lo consiguen, tienen el suficiente apoyo parlamentario y a la izquierda dividida, si lo logran, tienen a los socialistas bajo la bota nacionalista. Lo esperpéntico es que, en estas condiciones, el PSC siga pensando que es el PP el único partido que no condiciona el próximo Gobierno de Cataluña. De ICV se van olvidando y a los socialistas les están preparando el gran akelarre del ridículo. Y siguen diciendo que sí, que van a la fiesta.
 

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