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La cara dura de Ibarretxe

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La verdad es que se leen en los periódicos cosas pasmosas. Entre ellas que el Gobierno vasco, liderado de modo personal por su presidente, quiere “implicar a los partidos en un plan de apoyo a los amenazados”. Ibarretxe es el campeón del cinismo y la desvergüenza. En el País Vasco, los amenazados son los que no comulgan con su diseño de la dictadura etnicista vasca y los amenazadores pertenecer a su familia nacionalista. ETA mata y el PNV persigue a los demócratas buscando ambos el desistimiento de quienes se oponen a la secesión totalitaria. Y viene ahora, justo la antevíspera de que, por citar sólo un ejemplo, el cura Larrínaga tenga que abandonar –perseguido por los fieles de Ibarretexe– la parroquia de Maruri, y nos dice que quiere “implicar a los partidos” y dar calor humano a los perseguidos. La desfachatez de los dictadores es ya conocida, pero verla tan cerca produce escalofríos.

Ibarretxe no es el adalid de la defensa de las víctimas, sino buena parte de sus problemas. Los perseguidos, para empezar, quieren que ETA sea aniquilada y que el Gobierno vasco respete y ampare sus derechos. No necesitan del presidente del Gobierno vasco ni cínicas palmaditas ni campañitas de prensa, pagadas por los mismos perseguidos y adjudicadas a mayor gloria del dictadorzuelo, sino que la Policía Autónoma ponga a los criminales a disposición de los tribunales en vez de someterse a una estrategia de convergencia nacionalista en la que se promete que ETA “se parará” cuando se negocie con ella el futuro político y ciudadano de los amenazados. Los perseguidos saben que parte de la maquinaria que les agrede es Batasuna y quieren que, de acuerdo con el Estado de Derecho, sea eliminada del mapa político y social, en vez de protegida por el PNV mientras Ibarretxe se pavonea entre La Habana y Vitoria. Los amenazados quieren el cumplimiento de la legalidad y, por dar una pequeña muestra, mientras Ibarretxe daba cuenta ante los periodistas de las dimensiones y la dureza de su cara dura, el alcalde nacionalista de Getxo mandaba a un sótano sin ventanas a los grupos municipales del PSOE y PP, que suman tantos concejales como el suyo ya que gobierna, y persigue, gracias al apoyo de Izquierda Unida.

Y, además, quiere “implicar a los partidos”, como si la persecución de los dirigentes, concejales y militantes de los partidos constitucionales –que ya es implicación en la materia– tuviera su causa en la despreocupación de aquellos. Este personaje vergonzoso y vergonzante tiene en su comunidad autónoma la situación más parecida a la de la actuación de los grupos paramilitares en las dictaduras: se ataca a la oposición, que ha de protegerse como puede, mientras el Gobierno cómplice, que no quiere destruir a los grupos violentos de su cuerda, se dedica a la retórica. Y la retórica, como este nuevo plan indignante, es parte de la persecución que sufren los amenazados.


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