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DEBATE

Ética y armas

Las armas son herramientas con las cuales el ser humano puede herir o matar otros seres vivos, incluyendo otros seres humanos. Las armas pueden ser utilizadas para agredir y atacar a otras personas, para defenderse de agresiones, y para la caza, como entretenimiento o como deporte. La propiedad en sí, sin más, sea del objeto que sea, no es violencia. La propiedad no es causa del crimen. Toda persona tiene derecho ético a poseer armas e intercambiarlas libremente. Ninguna persona tiene derecho a agredir a otra, sea usando armas o sin ellas. La posesión pacífica de armas no es un delito, no es causa de agresión, no daña a otras personas. Es posible poseer un arma sin utilizarla violentamente contra los demás. Los crímenes no se cometen por poseer armas, sino por usarlas de forma violenta. La agresión armada es un delito muy grave por los daños que causa.

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Las armas pueden utilizarse para ejercer el derecho legítimo de defensa propia. Los partidarios de la prohibición de la posesión de armas suelen resaltar la cantidad de crímenes que se cometen con armas, lo cual es redundante, ya que muy pocos crímenes se cometen sin ellas, pero olvidan indicar la cantidad de crímenes que se evitan gracias a que las víctimas potenciales o actuales poseen armas defensivas. La posesión de armas por las personas honradas dificulta la actividad de los delincuentes: la posibilidad de una resistencia armada es un fuerte desincentivo contra el crimen.

Si el Estado controla las armas de fuego viola derechos de propiedad. Las leyes de control de armas sólo son obedecidas por aquellos que no piensan usarlas para dañar a nadie. Los criminales ignoran las leyes de control de armas, ya que éstas son fáciles de producir y distribuir. Las víctimas potenciales, los ciudadanos pacíficos e inocentes, quedan indefensas ante la agresión, sea esta de criminales no organizados, o de bandas criminales privadas o estatales. El peligro para los ciudadanos pacíficos está en los violentos y en sus armas, no en las armas en general. Que una persona cometa una agresión contra otras utilizando armas no justifica la condena de todos los poseedores de armas. Los productores y distribuidores de armas no son responsables de los daños que su uso pueda causar.

El Estado argumenta falazmente que los ciudadanos no necesitan armas porque la policía y el ejército ya los defienden. La defensa proporcionada por el Estado es un monopolio violento e ineficiente que no impide los delitos ni compensa a las víctimas. Si sólo las agencias estatales de seguridad tienen armas, el Estado puede agredir impunemente sin encontrar resistencia. El tirano debe desarmar a la población antes de someterla. El registro obligatorio de la posesión de armas facilita su incautación. Los Estados totalitarios utilizan sus armas para mantener secuestrados a sus súbditos. El Estado necesita las armas para poder parasitar a la sociedad: las leyes estatales se cumplen principalmente por la amenaza armada de prisión o ejecución, y no por su adecuación ética al desarrollo humano. Los Estados producen y utilizan armas de destrucción masiva e indiscriminada muy diferentes de las armas que suelen utilizar los individuos privados, suelen subsidiar las industrias de armamento y venden o regalan armas a otros Estados amigos.

Los crímenes en masa se producen a menudo en lugares públicos de control estatal, como parques o escuelas, sin servicios eficientes de vigilancia, sin personas armadas que puedan repeler un ataque. Cada cual en su propiedad puede imponer a sus invitados las condiciones que desee, o llegar a acuerdos contractuales con otros para conseguir espacios sin armas. Una persona no tiene derecho a llevar armas en una propiedad ajena cuyo dueño lo prohíbe.
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