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BANCO MUNDIAL

Un mundo sin riqueza

El Banco Mundial utiliza un lema ambicioso: “Nuestro sueño es un mundo sin pobreza”. Pero viendo sus reciente política de créditos, quizá más apropiado sería el lema: “Nuestro sueño es un mundo sin riqueza”.

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¿Por qué? Porque el Banco Mundial ahora está “invirtiendo” en programas gubernamentales tales como servicios de salud y de inmunización, en apoyo a los derechos de las mujeres, etc., los cuales tratan los síntomas de la pobreza, pero hace muy poco por eliminarlos.

El economista jefe del Banco Mundial dice que están enfocando más los problemas de salud y educación porque “el capitalismo global le está fallando a los pobres del mundo”. Y como prueba de ello muestra un informe del banco que mantiene que los pobres del mundo se están volviendo más pobres.

Bueno, quizá sea bueno que se dedique a problemas de salud porque evidentemente no sabe mucho de economía. La realidad es que el ingreso per capita mundial ha aumentado considerablemente desde 1960 y el capitalismo es responsable de gran parte de ello. Las estadísticas del mismo Banco Mundial muestran que el ingreso promedio en las naciones con las economías más libres es de 21.206 dólares al año, o sea siete veces el ingreso de la gente en naciones con las economías más reprimidas.

Este hecho no lo toma en cuenta el presidente del Banco Mundial, James D. Wolfensohn, cuando dice que “nuestro reto es hacer de la globalización un instrumento de oportunidades y de inclusión, no de miedo e inseguridad”.

La verdad es que si al Banco Mundial en realidad le interesa ayudar a los pobres, debe poner más énfasis en libertad que en “inclusión” porque la libertad es el verdadero antídoto para la pobreza. Esto lo confirma el Índice de Libertad económica publicado anualmente por el Wall Street Journal y la Fundación Heritage. Esta guía clasifica a los países según la libertad económica que goza su gente y consistentemente demuestra que aquellos que viven en los países con menos restricciones y prohibiciones son más prósperos que los reprimidos económicamente.

Tomemos los casos de Haití y la República Dominicana, dos países en desarrollo que comparten una isla del Caribe. El Índice 2001 muestra que entre los 155 países clasificados, Haití ocupa el puesto 137 y la República Dominicana el puesto 59. Gracias a sus políticas más abiertas al libre mercado, que incluye bajas tasas de impuestos, los dominicanos tienen ingresos de casi cinco veces el ingreso de los haitianos: 1.799 dólares contra 370 dólares.

Pero como Estados Unidos y otras democracias lo han demostrado, capitalismo no significa sólo la ausencia de políticas económicas socialistas. También significa seguridad jurídica, la protección de la propiedad privada y el castigo de la corrupción. Por ello, en países como Rusia han fracasado los intentos capitalistas. Entre los antiguos satélites de la Unión Soviética, Estonia se ha destacado y es otra prueba de la veracidad de mis argumentos. Estonia está en el puesto número 14 del Índice y goza de una de las economías más libres de Europa oriental, con un ingreso per capita de 3.951 dólares, mientras que Rusia está en el puesto 127, con un ingreso per capita de 2.138 dólares.

Yo formé parte de una comisión del Congreso de Estados Unidos que recomendó ciertas reformas al Banco Mundial. Una propuesta que fue apoyada unánimemente por todos los miembros de la comisión fue la de acabar con la práctica actual de extender créditos a largo plazo para aliviar la pobreza. La razón es clara y contundente: todos los préstamos del mundo no sirven como sustituto de libertad económica.

Mejor sería que el Banco Mundial cambiara su lema, sustituyéndolo por “nuestro sueño es un mundo verdaderamente rico”.

© AIPE

Edwin Feulner es presidente de la Fundación Heritage, instituto privado de estudios públicos.
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