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AUTORES Y GéNEROS

Varios padres, una sola madre

Antes de morir, en 1999, Mario Puzo estuvo trabajando en "Omertà", tercera parte de la trilogía del padrino, libro póstumo que recorre las andanzas del mafioso Astorre, héroe póstumo él, pues se cría huérfano e inicia su actividad de película cuando los grandes jefes ya han muerto. Es secundario que la novela sea buena o no y que sea mejor o peor que las anteriores. Tampoco importa mucho si la película que salga de ella, tendrá a un Marlon Brando o a un Al Pacino que nos la impriman en la retina. Puzo es un autor cuyas aportaciones al cine se confunden con sus aportaciones literarias. No sólo porque colaboró en ocho guiones de éxito -entre ellos "Superman" y "Cotton Club". Mucho menos porque su técnica de escritura fuera, pese a sus ventas, desigual, aunque él siempre mostró nostalgia de no escribir mejor. El padre que preside "Omertà" se llama Zeno, como el viejo que se autobiografió en "La conciencia de Zeno", la muy particular obra de Italo Svevo. El autor favorito de Puzo era Dostoievski, de quien tal vez copió lo que mejor hacía: los diálogos curiosos en que se discuten posturas morales. Pero esas sutilezas son demasiado terrenales hablado de alguien que abandonó una carrera de escritor clásica y escribió "El padrino". No sólo ganaba dinero a espuertas, que luego dilapidaba en las mesas de juego de Las Vegas, sino que estableció una mitología. Y eso está por encima del cine y de la literatura.

Agustín Jiménez
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El ciclo del padrino es la celebración de la emigración. Puzo pertenece a una generación de emigrantes de posguerra -Malamud, Philip Roth- y sus mafiosos son emigrantes que han triunfado sin dejar de añorar Sicilia. ¿Os acordáis de la escena del bar de "La fanciulla del West", la ópera de Puccini? Los emigrantes cantan: "La mia mamma chè farà se io non torno"? Entre Palermo y Nueva York, los corazones de los protagonistas de personajes de Puzzo baten, como el hijo de Astorre, con "la pasión de Sicilia y el romance de América". América es "una tierra de venganza, de compasión y de soberbia oportunidad". Sicilia es la madre. La madre es el centro de la familia. La familia es lo primero. Para dar vida a Vito Corleone, Puzo se inspiró en su madre, que bregó con seis hijos cuando su padre los abandonó. En la tradición sajona, los criminales son personajes inadaptados, mal amados o fuera de contexto. Los grandes criminales de la mafia son seres trágicos que matan por defender a su familia, movidos por ideas abstractas de respeto y fidelidad.

Y que aspiran a integrarse. En "El padrino", Al Pacino promete a su novia que, "dentro de cinco años", sus actividades serán legales. "El Padrino" se escribió en 1969. Hasta el año 2000, en que se ha publicado "Omertà", no han logrado los Corleone hacerse completamente respetables, y eso después de eliminar a todos sus enemigos -nadie creía que Astorre fuera capaz de tanta crueldad- y de concentrarse en una actividad legal de extorsión: la banca. Los tres primos, casi hermanos, de Astorre son un militar -su padre esperaba verlo general-, un productor de televisión y una abogada que milita contra la pena de muerte (en la misma asociación que la opulenta señora del jefe del FBI de Nueva York). A los inmigrantes de otras nacionalidades aún les queda camino. En "Omertà", Puzo se toma a broma a un magnate suramericano de la droga que viaja con cincuenta guardaespaldas, todos ellos de corbata rosa y sombrero amarillo, y que hace planes para fabricar una bomba atómica que consagre el orgullo latino.

Hay mucha broma en "Omertà". Puzo no sólo construyó la mitología de la mafia, lo que lo diferencia de un gran escritor como James Ellroy que, apoyándose en el entramado de América, ha creado sólo estupendos reportajes de negrura. También ha propiciado la inserción de la mafia en lo burlesco. Ya habíamos visto una película en que Robert de Niro, temible jefe del crimen organizado, necesita continuamente a Bill Cristal, un psicoanalista clásico, para disipar su angustia. Pero ninguna novela anterior sobre la mafia anterior a "Omertà" tiene tantas dosis de divertimento y frivolidad. Hay un mafioso subnormal que no sabe atarse los zapatos. Hay una policía corrupta que, al perder un ojo en una vendetta, nota que su vista enfoca mejor el paisaje. Hay sobre todo un personaje central, el último Don, a quien todos tratan inicialmente con benevolencia porque se pasa el rato cantando baladas para los amigos con una pose de querubín. Es una adaptación siciliana de "Pimpinela Escarlata". Y está el acuerdo adoptado por la familia al final del libro de producir una serie de televisión sobre la vida de Don Raymonde Aprile. También hay un personaje que se llama Benito Craxxi (con dos x) y un tramposo peruano petulante y mujeriego: Marriano (con dos r) Rubio. Los detalles burlescos y los planes de rodar una serie de televisión enlazan con "Los Sopranos", la mejor serie de televisión de la historia, según los críticos americanos, que empezó a programarse en 1999, el año en que moría Puzo. En un episodio "Los Sopranos", tres ejecutivos de la América posmitológica juegan al golf con el mafioso central de la serie e intentan sonsacarle si los detalles de "El padrino" corresponden a la vida real. Lo que de verdad dicen que pasó es que, cuando vieron la película, los mafiosos se pusieron a imitar los ademanes y la forma de vestir de los personajes tiernos, terribles, grotescos y solemnes que había inventado Mario Puzo.
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