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Jaime de Piniés

Óptica sindical para salir de la crisis

Llama la atención que una persona como J.M. Fidalgo, con una mirada crítica y acertada hacia la situación de la economía española, no entre a analizar de lleno la importancia del mercado de trabajo para la determinación de la productividad.

Jaime de Piniés
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Se escuchan muchas recetas para sacar a España de la atonía económica en que se encuentra. Los inversores internacionales exigen una reducción de nuestro nivel de endeudamiento, especialmente del sector público, e independientemente de lo que ocurra con la capacidad de pago del país; es decir, con o sin crecimiento económico. Otros ponen el acento en el gasto público y miran muy de cerca al descontrol y el derroche existente en el sector público, sobre todo en las comunidades autónomas y las entidades locales.

Sin embargo, acierta José María Fidalgo, ex secretario general de Comisiones Obreras, cuando pone en el punto de mira la productividad y afirma que si la riqueza crece pero la productividad no, la caída es sólo cuestión de tiempo. España la pasada década ha sido un ejemplo explícito de esto: la burbuja en la construcción residencial provocó la generación de mucha riqueza y mucho empleo pero casi nulo crecimiento de productividad. Jaleado por una política monetaria europea que a todas luces resultaba incorrecta para los países del sur de Europa, con unos tipos de interés reales, es decir un coste de endeudamiento, negativo, la deuda privada creció explosivamente, pero nuestra capacidad de pago a largo plazo no, ya que no hubo la correspondiente expansión de la productividad. Agravado por el racionamiento del crédito a escala internacional, nos encontramos en un atolladero económico agudo y profundo.

En el último Foro Arrupe, J.M. Fidalgo presentó su propia visión de la situación económica y política de nuestro país. Según su perspectiva, los ejes principales para salir del atolladero giran en torno al crecimiento económico, la productividad y la competitividad. Y en esto también acierta el Sr. Fidalgo. En un mundo tan conectado e interdependiente como el nuestro, quien no se esfuerce en mejorar su competitividad, se condena a vivir en la pobreza. La esencia de la competitividad y del crecimiento es precisamente la productividad. Sin ella, no seremos capaces de aguantar el tirón del euro y tarde o temprano terminaremos saliendo de la Unión Monetaria Europea, consagrando un gran fracaso nacional.

Ahondando sobre nuestra magra productividad, el Sr. Fidalgo opina que es consecuencia de que nuestro tejido empresarial es excesivamente pequeño. Las pymes españolas, por ejemplo, son tres veces más pequeñas que las alemanas, lo cual, según Fidalgo, dificulta la competitividad. Por ello, aboga por una decidida actuación desde el Estado para apoyar las pymes a tope con la esperanza de que logren crecer y den trabajo a un gran número de nuestros parados. Es decir, la visión de este ilustre sindicalista es que el problema del paro en España se debe al tamaño de la empresa española y que para solucionarlo hace falta apoyar unas 2.500 empresas "vivero", de entre 300 y 1.000 empleados, con un proyecto de país que les potencie de forma selectiva y conseguir, de esta forma, "amoldar" gente para que sea más productiva.

Como es costumbre, un interesante debate siguió a la presentación del ponente; se plantearon otras cuestiones de igual o mayor peso a las descritas por el Sr. Fidalgo en su exposición respecto a la productividad y totalmente ajenas a la estructura empresarial. Sin ir mas lejos, la dualidad del mercado de trabajo. Nadie va a invertir en formar un obrero temporal de la misma forma que nadie lava un coche alquilado. Es decir, no se puede ignorar uno de los problemas económicos principales de nuestro país, el mercado de trabajo, y poner la mirada en otro sitio para ver cómo mejorar la productividad. El mercado de trabajo es la clave para invertir en España. Sí es cierto que hubo acuerdo en la escasez de capital riesgo para apoyar a las pymes, pero no hubo consenso al concretar si debería de ser el Estado o bien el sector privado quien debería abanderar este proceso. En fin, llama la atención que una persona como J.M. Fidalgo, con una mirada crítica y acertada hacia la situación de la economía española, no entre a analizar de lleno la importancia del mercado de trabajo para la determinación de la productividad. Quizás sea que como ex secretario general de CCOO su mirada tiene que estar condicionada.

No obstante, fue unánime el acuerdo y se puso de relieve la falta de impulso y exigencia por parte de la sociedad civil para con el poder político en España. Tal y como están las cosas, la sociedad debería compeler a los administradores públicos para frenar el derroche y obligar al sector público a ser mejores gestores.

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