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Ocho páginas irrepetibles

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Para unos, la empresa editora ha querido compensar con generosidad la concesión de la licencia de televisión digital con la que fue agraciada cuando se daba por hecho que no serían ellos los afortunados. Para otros, Pedro Jota ha querido hacerse perdonar con este derroche de botafumeiro los excesos de protagonismo de su "Amarga victoria". Unos y otros están de acuerdo en que, con este cuadernillo, El Mundo ha dado un paso importante para alcanzar las cotas fijadas por el El País en sus mejores tiempos, ya pasados, de monclovitis. Se espera el próximo alarde de ABC, para que no se diga.

Si el "síndrome de la Moncloa" es la patología que aqueja a todo aquel que reside allí más de una legislatura, se detecta la monclovitis cuando un medio de comunicación empieza a oler a chamusquina por su excesiva proximidad al palacio. No es que José María Aznar no haya atesorado este año méritos para ser nombrado "personaje del año", lo criticable es que ello se haga sin que en las páginas que se le dedican aparezca ni la más leve referencia a las sombras, que también las tiene, de la segunda etapa del aznarato.

Victoria Prego, experimentada monclovítica, demuestra cómo con un poco de jabón bien aplicado se consigue que del entrevistado aflore lo mejor y lo peor, se retrate para la posteridad. No es que el presidente no diga cosas sensatas, e incluso estimulantes, pero también dice otras que, al margen de confirmar su bien conocida confianza en sí mismo, o no son de recibo o son poco más que fuegos de artificio.

Pase como animoso alarde lo de la "década decisiva", que inevitablemente estará supeditada a nuestra magnitud real, sobre todo teniendo en cuenta la ambición de las medidas puestas en marcha hasta ahora por el gabinete que preside. Peor es el "sé lo que tengo que hacer, sé cómo lo voy a hacer y sé cuándo lo voy a hacer". Así formulado, tiene una indudable fuerza retórica, pero tiene un pequeño defecto: que sólo lo sabe él, y su sucesión en esta España democrática es algo que nos afecta a todos los españoles y, en primer lugar, a sus compañeros aspirantes. Confirma rotundamente la amenazante sombra de su "dedazo".

¿Y el artículo de Ana Botella? Sin comentarios.

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