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Juan Carlos Girauta

Corazón de melón

Mientras los mayores toman graves decisiones que nos han de afectar, la novena potencia del mundo se dedica a otras cosas. Asuntos ignotos que, de algún modo, se resumen en la célebre alocución del ministro Moratinos conocida como Nalingi botondi.

Juan Carlos Girauta
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Uno de los principales objetivos de Rodríguez para la legislatura que se desvanece fue insertarnos en el corazón de Europa. Pero cuando las cosas se ponen serias y tiene que reunirse la Europa que cuenta para analizar la crisis económica y diseñar estrategias, España no aparece. El corazón lo forman los dirigentes francés y alemán, británico e italiano, y el presidente de la Comisión. Se incluye al evanescente Prodi a pesar del muy cantado sorpasso español en lo económico, proeza que sólo puede creerse quien ignore que media economía italiana es sumergida. Tan audaz y estupendo se había puesto Rodríguez que incluso íbamos a alcanzar a Francia. Ya veíamos el corazón europeo de rojigualda y palpitando al son de la Marcha Real.

Pues no. Nada. Mientras los mayores toman graves decisiones que nos han de afectar, la novena potencia del mundo se dedica a otras cosas. Asuntos ignotos que, de algún modo, se resumen en la célebre alocución del ministro Moratinos conocida como Nalingi botondi, que no deja de ser un punto de vista como otro cualquiera.

Quizá tenga que ver con nuestra penosa inexistencia europea lo que Rodríguez ha dicho y hecho en los años pasados. A Merkel le dio la bienvenida llamándola fracasada; Sarkozy, por su color político, no tenía por qué esperar el apoyo del gran estadista español, pero mostró su frontal oposición a la regularización masiva de inmigrantes, decisión unilateral española que comprometía a toda la zona de libre circulación europea, empezando por Francia; a Italia, según vimos, le acaba de hacer provincianas cuchufletas a cuenta del supuesto sorpasso; los del meollo europeo no esperan grandes aportaciones en materia de estrategias contra la crisis de alguien que, para empezar, no reconoce la existencia del problema; la alianza de civilizaciones es contemplada por los cuatro grandes con educado escepticismo, que se troca en sonrisa piadosa cuando Rodríguez se da la vuelta; de la influencia española frente a Estados Unidos –forjada por Aznar y aún por ponderar en su justo valor, incluso por los propios populares– nada queda. Pero nada de nada.

Ni corazón ni bazo ni riñones. En Europa no existimos. Somos sujetos pasivos de cualquier decisión que tomen nuestros vecinos. La conveniencia alemana marca el tipo de interés y la diligencia francesa es nuestra principal esperanza frente al terrorismo, ya sea etarra, ya sea yihadista, como se ha visto con los islamistas de Barcelona. El melón, tituló El Mundo aquella entrevista río donde Rodríguez reconoció habernos mentido. Corazón de melón es el título que le conviene a las ínfulas internacionales de un presidente que, con motivo de la malograda Constitución Europea, se proclamó más europeísta que nadie. No deja pasar una sola ocasión de hacer el ridículo. Nalingi botondi.

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