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Juan Ramón Rallo

Contra el Banco Mundial

Prefiero no pensar que la gobernanza económica mundial no sabe que las deudas hay que devolverlas. Claro que eso explicaría por qué les entusiasma tanto la inflación.

Juan Ramón Rallo
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Uno siempre ha desconfiado de esas burocracias internacionales del tipo FMI o Banco Mundial que la izquierda extrema suele asociar con el neoliberalismo salvaje pero que en realidad nacieron de las manos caprichosas de un ultraintervencionista como Keynes y de un espía de la URSS como Dexter White. Son aberraciones paridas por una aberración no menor como es el dinero fiduciario de curso forzoso; invento, por cierto, también preconizado por Keynes y por el "comunista monetario" Milton Friedman.

Que a veces acierten no les confiere una autoridad adicional a aquella que deberían poseer por la fuerza de las palabras –ya saben, aquello de Agamenón y su porquero. Si acaso, debido a su deplorable historial de éxitos y a sus muchas veces absurdas prescripciones –por ejemplo cuando proponen sacrificar a la población mediante más impuestos en lugar de sacrificar los privilegios de la casta política con menos gasto– lo bueno que pueda decir suscitará una desconfianza y un rechazo instintivos en capas tan variopintas de la población como puede ser la izquierda ultramontana y los liberales más coherentes.

Este miércoles, el Banco Mundial mostró su lado más preocupado con la economía de nuestro país: España se hunde. Vaya novedad. Oh sorpresa: Zapatero lleva dos años endeudándonos a todos a ritmos claramente insostenibles y el susto llega ahora. Eso es previsión y anticipación. Con economistas así no necesitamos astrólogos. Claro que los astrólogos sólo timan a quienes se dejan timar y estos economistas nos embaucan a todos con el origen de sus sueldos y con su influencia, lo queramos o no.

Fíjense, de hecho, en qué pronosticaba ese oráculo que es el Banco Mundial cuando valoraba en 2009 los planes de estímulo que un G-20 ilusionado y risueño impulsaba por todo Occidente:

La crisis podría tener efectos directos menos pronunciados en la economía real, en cuyo caso los estímulos monetarios y fiscales a gran escala que se han acordado a partir de la crisis podrían favorecer un rebote en 2010.

Así, el recetario que este refugio de estómagos agradecidos avaló hace justo un año es el que ahora estaría sumiendo a nuestro país en una situación que califica de "muy grave". Atención:

Una quiebra o suspensión de pagos por parte de Grecia, Irlanda, Italia, Portugal o España podría amenazar la solvencia de muchos bancos extranjeros, con consecuencias de amplio alcance sobre el sistema financiero global.

Qué felices se las daban algunos hace un año. Si no fuera tan ridículo que resulta imposible, diría que estos economistas keynesianos tan cortoplacistas que pueblan el Banco Mundial y el resto de las instituciones internacionales que su progenitor intelectual coadyuvó a alumbrar asocian el acto de endeudarse con el crecimiento (o el estímulo) y la devolución de las deudas con la depresión. Pero ya digo, prefiero no pensar que la gobernanza económica mundial no sabe que las deudas hay que devolverlas. Claro que eso explicaría por qué les entusiasma tanto la inflación.

Juan Ramón Rallo es doctor en Economía y profesor en la Universidad Rey Juan Carlos y en los centros de estudios OMMA e Isead. Es director del Instituto Juan de Mariana.

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