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Juan Ramón Rallo

Los depresivos bajos tipos de interés

Ahora mismo no nos interesa que el endeudamiento crezca, sino que se reduzca, y para ello necesitamos altos tipos de interés. Deje de manipular el mercado y permita que los tipos aumenten. De lo contrario, Estados Unidos será el próximo Japón.

Juan Ramón Rallo
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En su famosa Teoría General, Keynes se planteaba cómo era posible que los bancos atesoraran masivamente dinero en lugar de invertirlo a largo plazo. Su respuesta fue que los inversores esperaban en el futuro subidas en los tipos de interés y dado que cuando los tipos de interés suben el valor presente de los activos baja, todos preferían esperar para inmovilizar su dinero.

Esta teoría, conocida gracias a John Hicks como "trampa de la liquidez", sirve hoy de base para que todos los inflacionistas habidos y por haber defiendan que los bancos centrales tienen que adquirir un compromiso creíble de que no van a permitir que los tipos de interés suban en el futuro; sólo así, argumentan, los inversores se decidirán a desatesorar su dinero, incrementar su cartera de activos y volver a crear empleo.

El propio Bernanke acaba de decir que "garantizará tipos de interés excepcionalmente bajos durante un prolongado período de tiempo". Incluso se muestra dispuesto a seguir monetizando activos para que los tipos de interés a largo plazo no aumenten. Todo parece muy sensato: cuanto menores sean los tipos de interés, mayor será la inversión y por tanto el crecimiento económico. Pero no, todas estas relaciones mecanicistas constituyen en la actualidad un puro disparate. Japón lleva más de una década con tipos de interés a corto plazo al 0% y con tipos a largo al 1% y el país sigue estancado. Señores banqueros centrales, anótenselo bien claro en sus cocorotas: mantener artificialmente bajos los tipos de interés durante una crisis deflacionista no funciona.

Muchos creen, por simple relación léxica, que para combatir la deflación hay que promover la inflación. Pero no, el descabellado ejercicio equivale a tratar de curar la hipotermia incitando la fiebre. Y es que el problema de la deflación es el de cómo amortizar rápidamente un enorme volumen de deuda para así reconstruir los balances de los agentes privados y la receta de la inflación pasa por seguir expandiendo ese volumen insostenible de deuda (pues la única manera con la que se puede generar inflación es expandiendo el crédito).

Cambiemos de perspectiva. La cuestión ahora mismo no es por qué unos inversores hiperapalancados no se endeudan todavía más para seguir invirtiendo, sino por qué no reducen con mucha mayor rapidez ese extraordinario apalancamiento. Y parte de la respuesta, lamento decírselo a los inflacionistas, está en el actual clima de bajísimos tipos de interés.

Cuanto más bajan los tipos de interés más se incrementa el valor presente de las deudas con un rendimiento fijo (todas las deudas, también las concertadas a tipos variables, se reconducen al final a una deuda a tipo de interés fijo). Al fin y al cabo, si yo he adquirido deuda de una empresa que me paga unos intereses anuales del 10% durante 30 años, no querré desprenderme de ella ahora mismo, pues mis inversiones alternativas proporcionan una rentabilidad bajísima. Para que nos hagamos una idea: el precio de mercado de un bono a perpetuidad que pague 100 euros anuales se incrementará de 2.000 euros cuando los tipos están al 5% hasta 10.000 euros cuando están al 1%.

Una empresa que desee hoy reducir anticipadamente su endeudamiento y proceder a reorganizarse, deberá abonar de golpe un coste tan elevado por recomprar su deuda en los mercados que perfectamente puede preferir continuar pagando elevados intereses año a año. Fíjense en los bancos: su atesoramiento de dinero está en máximos históricos. ¿Por qué no destinan parte del mismo a amortizar parte de sus deudas? Pues porque el coste de hacerlo con los actuales tipos de interés es elevadísimo.

A menos que se formen expectativas de que los tipos de interés van a subir en el futuro, los acreedores sólo estarán dispuestos a desprenderse de sus derechos de cobro de alto rendimiento a cambio de precios gravosísimos para los deudores. Como ya viene denunciando desde hace años Antal Fekete, lo único que tendremos será un masivo consumo de capital.

Soy consciente de que al inicio de una depresión los tipos de interés se hunden en la medida en que la demanda de crédito se desploma. Pero no estamos hablando de eso, sino de que Bernanke –de la mano de los especuladores que anticipan sin grandes dificultades sus decisiones futuras– impide con su monetización de deuda pública y de titulizaciones hipotecarias que las expectativas de tipos de interés futuros sean al alza.

El presidente de la Fed debe abandonar su política de depresivos bajos tipos de interés. Ahora mismo no nos interesa que el endeudamiento crezca, sino que se reduzca, y para ello necesitamos altos tipos de interés. Deje de manipular el mercado y permita que los tipos aumenten. De lo contrario, Estados Unidos será el próximo Japón.

Juan Ramón Rallo es doctor en Economía y profesor en la Universidad Rey Juan Carlos y en los centros de estudios OMMA e Isead. Es director del Instituto Juan de Mariana.

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