Desde el punto de vista de la resolución del 11-M, el proceso de elaboración de candidaturas por parte del PP no podía haber salido mejor.
A la defenestración de Piqué hace unos meses, y su sustitución por un Daniel Sirera que nunca ha ocultado su compromiso con la búsqueda de la verdad y que ha devuelto la ilusión al PP de Cataluña, se une ahora la neutralización de Gallardón, que no ha vacilado, en los últimos años, en pedir por activa y por pasiva que se pasara página en lo que respecta a las investigaciones sobre el mayor atentado terrorista que ha sufrido la ciudad de la que él es alcalde.
Los dos defensores más destacados, dentro del PP, de la mentira oficial se han quedado, por tanto, en el camino. Ninguno de ellos podrá influir en la estrategia futura que el PP adopte respecto al 11-M.
A ello se une la confirmación, en puestos destacados de las listas, de los dos personajes que más se han caracterizado por respaldar, dentro del partido, la necesidad de seguir investigando. Zaplana irá de número 4 por Madrid y Acebes repite de cabeza de lista por Ávila. La única pena es que personas como Jaime Ignacio del Burgo o Alicia Castro hayan decidido abandonar la política. Si hubieran repetido, casi habríamos tenido un auténtico pleno al quince.
Algunas personas, y algunos medios, han estado criticando al PP en estos cuatro años por mantener en sus puestos a ese dúo en el que se concreta la cara pública que el Partido Popular ofreció entre el 11 y el 14 de marzo de 2004: Acebes y Zaplana. Esas críticas se fundamentaban en el temor de que el electorado castigara la permanencia de dos políticos a los que se consideraba "quemados". Resulta curioso comprobar ahora en qué ha quedado aquella crítica: el hecho de considerarlos "quemados" se debía al temor que suscitaba que el electorado pudiera recordar, al verlos, todo lo sucedido a raíz del 11-M. En el fondo, ese temor no era más que la interiorización de la versión oficial, la interiorización de que, en efecto, Zaplana y Acebes se habían equivocado en su actuación después de la masacre.
Cuatro años después, ¿qué queda de aquellos temores? Afrontamos la campaña con un Acebes y un Zaplana que han venido, en los últimos meses, de menos a más. Encaramos los comicios con un cambio radical en las actitudes respecto al 11-M, porque ahora es el PSOE, y no el PP, el que teme que se hable de 11-M durante la campaña. Nos acercamos a las urnas, por ejemplo, con un Acebes que no se recata en recordar al PSOE que España se merece un Gobierno que no mienta. Lo que cambian las cosas, ¿verdad?
Porque lo que ha quedado claro, después de cuatro años, es que no fueron los dirigentes del PP los que mintieron a raíz del atentado. A Acebes pudieron engañarle, pero no mintió. Aznar o Zaplana pudieron no gestionar bien la crisis, pero resulta dudoso, a la vista de cómo se desarrollaron los acontecimientos en aquellas jornadas aciagas del 11, del 12, del 13 y del 14-M, que nadie hubiera podido hacer frente a aquel auténtico golpe electoral. Estuviera quien estuviera en aquel momento al frente del PP, habría sido arrollado por los acontecimientos.
Durante mucho tiempo, el PP interiorizó una culpa que no le correspondía, asumiendo la falsa tesis del atentado islamista, de la cometa que a alguien se le fue de las manos. Han hecho falta cuarenta y ocho meses de investigaciones para que aquella tesis se fuera desdibujando hasta desaparecer, para dar paso a la imagen, mucho más tétrica, del auténtico horror. A fecha de hoy, la sentencia del 11-M representa un punto temporal de equilibrio que ha echado por tierra la mitad de la versión oficial. Un punto de equilibrio que habría sido imposible de conseguir si no hubiera habido personas, y medios de comunicación, poniendo el dedo en la llaga de la falsificación masiva de pruebas que comenzó en la misma mañana del atentado.
Ahora, es sólo cuestión de tiempo que la inestabilidad de ese punto de equilibrio termine por imponerse y que la versión oficial reanude su camino de descomposición. Y, cuando eso suceda, no habrá voces significativas, dentro del PP, que aboguen por el paso de página. Antes al contrario, seguirán ahí Acebes y Zaplana. Que supongo que también tendrán algunas preguntas que hacer a determinados personajes. Cuando llegue el momento. Es decir, pronto.