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Maite Nolla

España no es EEUU

Es hora de que nos planteemos lo siguiente: visto el tostón de debate de política general en Cataluña, ¿es necesario, por ejemplo, que el Parlament de Cataluña tenga ciento treinta y cinco escaños? ¿Para qué? Si van a votar como un solo hombre.

Maite Nolla
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Ya les he comentado en otras ocasiones que uno de los eslóganes que repite el Gobierno que peor me sientan y que, como en muchas otras cosas, recibe una respuesta entre tibia y muy tibia de la oposición, es que se ha ampliado el catálogo de derechos y libertades; eso es muy discutible, pero incluso si fuera cierto, el famoso catálogo está repleto de excepciones, generalmente, por razón del territorio. Desde que el socialismo achaconado gobierna en Cataluña y en España, el nacionalismo catalán ha hecho cosas que el señor Pujol por supuesto imaginó, pero que nunca se atrevió a llevarlas a cabo. Impagable la foto de Zapatero y los jefes de Prisa premiando a Lula por lo mismo que multan a Nebot; por el uso del castellano.

Y otro tanto con los cubanos; me remito a la definición de Jaime "Bayleys" sobre lo que Zapatero y su Gobierno opinan de los sufridos habitantes de América del Sur o del Caribe. Ampliamos el catálogo, pero le damos dinero a la dictadura y Moratinos nos consigue un viaje. Al fin y al cabo, la opinión mayoritaria en España sobre la dictadura cubana es la que es; por ejemplo, hace unas semanas en el informativo de Lleida TV se dijo que "el bloqueo lleva cincuenta años oprimiendo al pueblo cubano". Cualquiera le explica a la criatura del Señor que leyó esta estupidez con dificultad, que lo que lleva oprimiendo al pueblo cubano cincuenta años es la familia Castro y la cola interminable de jetas con el riñón cubierto que les han bailado el agua todo este tiempo.

De la política de los Estados Unidos se puede estar a favor o en contra o un poco a favor y un poco en contra, pero tienen algo bueno (aunque puedan haber oído ustedes otra cosa) y es que, como se ha dicho muchas veces, son una democracia desde que se fundaron. Cualquiera de los dos candidatos que salga vencedor de las elecciones en noviembre se habrá pasado algo más de un año ejerciendo su derecho de sufragio pasivo.

Dicho esto, hay que reconocer que los medios de comunicación españoles se han volcado en ofrecernos información puntual sobre las primarias, los caucus, las encuestas y los debates. Se desmiente que los debates sean unos mítines de Obama con un señor mayor al lado que no dice nada; lo digo por si ustedes han seguido los informativos de Televisión Española o CNN+. El día de las elecciones, a la progresía en general, y a alguno de derechas en particular, les aconsejo que hagan como mi abuelo, que en paz descanse, que se bajaba a la plaza a darse una vuelta cuando jugaba el Barça para evitar que le diera un patatús de la tensión.

Yo creo que es bueno, positivo, instructivo o como quieran llamarlo, que en España la política pase a la primera plana de la información, aunque cabe preguntarse, ¿desde cuándo en España la política es noticia? De todas formas, es un avance; un pequeño paso al que debería seguir que las televisiones dediquen la mitad del tiempo que le dedican a las elecciones en América a la política española. Algo que vale también para algún político, como Jorge Moragas, que nos ha dado todas las claves sobre la política americana, pero que no tiene opinión sobre las medidas gallardonianas de prohibición del hombre cartel y el digging in the dirt, o removiendo en la basura, buscando algo con lo que multar.

Y coincidiendo con la campaña electoral, en España hemos descubierto que los congresistas y senadores americanos no votan siguiendo a un señor que levanta un dedo para el sí –el índice– y dos dedos para el no –el índice y corazón– (que luego te lo sacan todo de contexto), sino que votan en conciencia o por conveniencia, pero libremente, al igual que dos heroicos murcianos. En España es hora de que nos planteemos lo siguiente: visto el tostón de debate de política general en Cataluña y el nivel de la mayoría de sus intervenciones ¿es necesario, por ejemplo, que el Parlament de Cataluña tenga ciento treinta y cinco escaños? ¿Para qué? Si van a votar como un solo hombre ¿no sería mejor que se eligiera un número de diputados impar no superior a siete y que su voto fuera ponderado al resultado electoral? Y me anticipo a la crítica, de demagogia nada.

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