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Maite Nolla

Prepotentes venidas a menos

No me parece equitativo justificar la incompetencia de esta señora y su nulo peso político con la fragilidad: es una mentirosa consciente. Y ahora le ha llegado el turno de la decadencia.

Maite Nolla
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Caído el mito de Durán, aunque sólo sea porque dijo lo que la derecha quería oír, pero hizo lo que le pidió Zapatero, el personaje que peor ha salido de esta semana es la vicepresidenta Salgado; peor incluso que el insumiso Montilla. Como les pasa a muchos políticos, la fama inmerecida, la falsa apariencia o algún editorial a favor sin mucho fundamento, suelen tener un grave problema de comparación con la realidad. Le sucede, por ejemplo, a José Antonio Alonso, todo un magistrado-juez que ha acabado haciendo de Leire Pajín, eso sí, con un uso más fino y profesional del lenguaje, pero con el mismo discurso.  

El caso es que hace unas semanas algún editorial se refirió al rigor de Elena Salgado. Es de suponer que se refería a sus conocimientos de economía, nunca demostrados. Porque en el ámbito de sus aptitudes como política el rigor ocupa un discreto último lugar, al borde de la expulsión. Algunos consideran que el lamentable incidente de la rectificación o corrección en el Boletín Oficial del Estado demuestra la fragilidad del personaje. Es cierto que desde hace un tiempo Zapatero sólo se levanta para humillarla en público y dejarla como una mentirosa. Hasta el líder sureño del socialismo en Madrid, el finísimo Pedro Castro, se atrevió a dejarla en ridículo. Podemos aceptar cierto grado de penilla, pero también es verdad que hasta mintiendo lo que demuestra la vicepresidenta es ser una prepotente, venida a menos, eso sí. La cuestión no es que mintiera sobre si lo del crédito de los ayuntamientos publicado en el BOE era una errata o una vuelta atrás, sino que encima nos tratara de imbéciles, como suelen hacer los millonarios de izquierdas que desprecian a la derecha y a sus propios votantes. No me imagino a la señora Salgado en la agrupación socialista de Lavapiés; le debe pasar como al sector nacionalista del PSC con las casas regionales. El mismo amor. Pero es que Salgado, como les decía, se adornó en el insulto, añadiendo que, como somos idiotas e ignorantes, no podemos comprender lo complejo que es elaborar un decreto-ley, entre otras cosas, porque no lo vamos a hacer en la vida.  

Por eso no me parece equitativo justificar la incompetencia de esta señora y su nulo peso político con la fragilidad: es una mentirosa consciente. Y ahora le ha llegado el turno de la decadencia, aunque su actitud siempre ha sido la misma. Negó que España fuera a recurrir al fondo que se había creado para salvar a España y tengo unos conocidos con unas cuantas ejecuciones hipotecarias y con siete u ocho monitorios, esperando a los brotes verdes. 

En definitiva, que no me da ninguna pena.


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