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Maite Nolla

We, los catalanes

Lo que hemos votado los catalanes por una aplastante mayoría es que estamos de acuerdo con la reforma de la Constitución. A través de nuestros diputados, pero es lo que hay.

Maite Nolla
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Parece que el refugio definitivo del nacionalismo catalán para hacerse los muy ofendidos por el asunto de la reforma será que, siendo ellos poco menos que socios fundadores de la Constitución, se les ha dejado de lado. El tema de la solidaridad interterritorial, aunque sea el "Espanya ens roba" de toda la vida, o que los parlamentos autonómicos sean los que fijen su déficit, son excusas que tienen peor explicación. Por eso, la marginación y el maltrato son mensajes más directos y fáciles de comprender. Podemos discutir si un socio fundador está legitimado para sentirse orillado si después del acto fundacional consagra su acción política a ser profundamente anticonstitucional, o si la experiencia recomienda que cualquier reforma que se lleve a cabo, se haga, al menos, al margen de estos desleales, cuando no en su contra; pero ya les digo, eso es discutible.

Lo que ha sucedido es que, como siempre, la interpretación del papel de CiU ha sido extensiva y donde pone CiU, ahora se lee Cataluña o los catalanes. Vamos, que no ha sido CiU la marginada, sino Cataluña entera. Nos quieren callados y pagando, han llegado a escribir. El problema de que un solo partido se arrogue tanta representación es que las cifras no cuadran. Aunque haya diputados del PP por Barcelona que van poco o muy poco por Barcelona –lo mismo que va por Cádiz Alfredo Pérez Rubalcaba, diputado por Cádiz, o un tal Bermejo por Murcia– lo cierto es que en el Congreso hay cuarenta y siete diputados elegidos por las cuatro provincias catalanas, y no sólo los diez de CiU y los tres de Esquerra. De esos cuarenta y siete, veinticinco son socialistas, ocho son del PP, diez de CiU, tres de ERC y uno de Iniciativa. Y en la votación sobre la reforma de la Constitución los veinticinco del PSC y los ocho del PP han votado a favor, frente a los otros catorce que han votado en contra o que no han votado. Y esos treinta y tres diputados que han votado a favor representan, más o menos, a dos millones doscientos mil votos, frente al millón doscientos mil representados por los otros contrarios. Vamos, un millón de votos más. Y si las encuestas aciertan, aunque el PSC pase de veinticinco a dieciséis diputados, CiU suba hasta quince o alguno más, y el PP pueda llegar a doce, la cosa no variará excesivamente. Es decir, que lo que hemos votado los catalanes por una aplastante mayoría es que estamos de acuerdo con la reforma de la Constitución. A través de nuestros diputados, pero es lo que hay. Así que ni choque de trenes, ni marginación, ni humillación, ni ruptura. Por eso, para la próxima vez que alguien se arrogue la representación de Cataluña, de los catalanes y de sus sentimientos, le recomiendo que se compre una calculadorita en el Vips. O mejor, en El Corte Inglés, que es patrocinador de esta casa.


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