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Marco  de Benito

Ahora o nunca

La reforma del Consejo General del Poder Judicial no se ha de quedar en cómo nombrar a este o a aquel vocal. Tiene que desatar una espiral de cambio de más largo alcance: el sueño de una Justicia de verdad independiente

Marco  de Benito
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Lenta, pero inequívocamente, comenzamos a sentir los efectos del shock que la semana pasada nos administró el Ministro de Justicia. Y oye, de verdad, se encuentra uno mucho mejor: distendido, en forma, con un punto de optimismo.

No, no podemos permitir que esta oportunidad se nos escape de entre las manos. Lo del Consejo General del Poder Judicial no se ha de quedar en cómo nombrar a este o a aquel vocal. Tiene que desatar una espiral de cambio de más largo alcance. Lo que hemos entrevisto es el sueño de una Justicia de verdad independiente, nada menos.

¡Mira que si al final resulta que la terapia eléctrica funciona!

Señores: ahora o nunca. Hay que coger papel y lápiz, o el Ipad ese, comoquiera que se maneje, y hacer entre todos una lista de todas las grandes y pequeñas cosas que han ido minando el prestigio de la magistratura hasta dejarla postrada en su actual condición: triste, burocrática, menesterosa a veces, debilitada y hasta extenuada por el impúdico manoseo de políticos que han ignorado el cuidadoso escrúpulo con que tan fundamental institución debe ser tratada.

Todo esto no lo va a conceder el ministro con olímpica largueza. Hay que arrancárselo, a él y a los demás, y en adelante conservarlo en posición de alerta permanente. Al lado de la entrada al Tribunal Supremo de los Estados Unidos hay una estatua con una inscripción que reza: "Eternal vigilance is the price of liberty", la vigilancia eterna es el precio de la libertad. Pero no adelantemos acontecimientos. Eso será para cuando ya hayamos hecho lo que ahora hay que hacer.

Hace dos años se hizo público el "Manifiesto por la despolitización e independencia judicial" o "Manifiesto de los 1.500". Se trata de un documento surgido de la participación espontánea y desorganizada de muchos jueces en un foro de internet, en lo que se llamó "Movimiento 8 de Octubre", hasta contar con el apoyo de un tercio –que se dice pronto– de la judicatura española. Con el mismo espíritu espontáneo e informal, y para mantenerlo vivo, se creó a continuación la "Plataforma cívica por la independencia de los jueces". Luego han seguido haciendo cosas importantes. Esperamos mucho de este foro. No les quepa duda a sus miembros: lo que no se consiga ahora no se conseguirá nunca.

Y, por favor, den por superado, dadas las circunstancias, lo del gran pacto de Estado por la Justicia que pedían en el Manifiesto. Esto o se hace a pelo o no se hará. No lo esperen todo del Gobierno popular; pero, desde luego, no esperen nada de socialistas y nacionalistas, cuya oposición a semejante proceso liberador puede darse por descontada. Lo más saludable y sensato será, pura y simplemente, ofrecer nuestra mejor sonrisa y hacer como el Príncipe Felipe en aquella ocasión ante los periodistas: “no oigo nada; estoy un poco sordo hoy”.

Para dar una idea de cuán general y decidida ha de ser la indispensable labor de limpieza, valga la siguiente selección de tareas urgentes:

  • Suprimir el aforamiento de los políticos autonómicos ante los magistrados de los Tribunales Superiores de Justicia, nombrados en parte por aquellos mismos políticos autonómicos. 
  • Eliminar el nombramiento de los magistrados de los Tribunales Superiores de Justicia por los políticos autonómicos.
  • Cerrar con siete llaves los portillos que la nueva y muy funcionarial Oficina Judicial abre al control político de las secretarías judiciales.
  • Abandonar la moda, extraña a nuestro Derecho, que pretende arrebatar la investigación criminal al juez, independiente, para dársela a los fiscales, sometidos a jerarquía.
  • Cortar el paso al principio de oportunidad en la acusación.
  • Fortalecer, y no debilitar, la acción popular.
  • Bloquear el camino de retorno entre la política y la judicatura.
  • Mantener por encima de todo el sistema de acceso a la carrera judicial mediante oposiciones.
  • Devolver al Estado todas las competencias sobre Justicia.
Insisto: son tan sólo algunas de las iniciativas que podrían plantearse en esta nueva etapa. La tarea es ardua. Queda mucho por hacer. Feliz ocasión, la devolución a los jueces de su autogobierno. Aprovechémosla para acercarnos un poco a aquel sueño de una Justicia de verdad independiente. Señores: ahora o nunca.
 
El Sr. De Benito Llopis-Llombart es doctor en Derecho y profesor de IE Law School.

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