Menú

Argentina aniquiló a su clase media

0
Relatar la manera en que un país fabrica pobres es siempre un ejercicio ingrato y complejo, pero necesario a la hora de revisar las responsabilidades de los gobiernos y tomar decisiones a futuro. En Argentina, el caos económico y social que vivió el país durante los dos últimos años tuvo como triste protagonista al heterogéneo grupo de “los nuevos pobres”, antiguos integrantes de la clase media.

Al compás de sucesivas crisis económicas, causadas porque los gobiernos de turno gastaron en política mucho más de lo que recaudaron, la clase media argentina que para mediados del siglo XX abarcaba al 75% de la población se redujo a un modesto grupo social que actualmente incluye apenas el 28% de la población. Así surgieron los “nuevos pobres”.

El sociólogo Alberto Minujín, en su libro Cuesta abajo, define a los nuevos pobres como aquellas personas que nunca antes fueron pobres, que poseen características educacionales, sociales o culturales propias de la clase media y que al caer sus ingresos no pueden seguir accediendo a los bienes y servicios a los que estaban acostumbrados: vivienda, salud, educación, cultura.

La cronología del proceso que convirtió a la clase media en nuevos pobres es de larga data. Desde los años de Perón, el Estado siempre gastó más de lo que recaudó, “maquillando” la pobreza a través del incremento del gasto público.

La “fiesta” de los políticos argentinos se financió de diferentes maneras. Durante los años 80 fue con emisión monetaria, desencadenando los episodios hiperinflacionarios que en 1989 y 1990 sacudieron a la clase media y creando la primera gran oleada de nuevos pobres.

La estabilidad económica de los primeros años de la década de 1990 dio un respiro a la clase media, permitiendo que algunos sectores recuperaran niveles de consumo razonables y accedieran al crédito. Pero siguió la “fiesta” de los políticos que esta vez fue financiada por el endeudamiento del Estado.

Fueron las medidas económicas del gobierno de Eduardo Duhalde las que dieron el golpe de gracia. Había que hacer un ajuste del gasto público y lo instrumentaron con la devaluación que mejoró las cuentas del gobierno, pero devaluó los salarios de los argentinos.

Y otra vez, el golpe fue para la gente. Según un estudio de la consultora Equis, durante el período de convertibilidad, el PBI per cápita argentino era de 7.300 dólares anuales, pero con la devaluación se redujo a 1.860 dólares anuales por habitante. Paralelamente, el precio de la canasta de alimentos subió 28,2% entre mayo y noviembre de año pasado y el desempleo alcanzó 21,5%. Según datos del Ministerio de Economía, el PBI cayó en 16,3% durante el primer trimestre, 13,6% en el segundo trimestre y 10,1% en el tercer trimestre del año pasado. Ese cóctel explosivo convirtió a Argentina en el país que generó un tercio de los nuevos pobres de Latinoamérica en los últimos dos años.

A menos de dos meses de las elecciones presidenciales, el escenario es complejo. Los últimos datos oficiales indican que 57,5% de la población argentina de 38 millones está por debajo de la línea de pobreza. Se trata de alrededor de 22 millones de personas con ingresos inferiores al costo de una canasta básica.

La lucha planteada es entre la corporación política que pretende mantener un Estado grande y la sociedad que pretende un estado racional, garante de sus derechos y que le permita realizar sus proyectos y sueños. Habrá que ver lo que hace el nuevo gobierno. Puede restaurar el estado de derecho, atraer nuevas inversiones y fomentar el crecimiento real de la economía. O puede seguir como vamos, alargando la agonía argentina.

María del Carmen Bourdin es periodista argentina y colaboradora del Cato Institute.

© AIPE

En Libre Mercado

    Lo más popular

    Servicios

    Máster EXE: Digital Marketing & Innovation