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Mark Steyn

Occidente se está extinguiendo

Pero olvídese del Islam: en Europa hereda porque está ahí. No hay musulmanes o ningún otro grupo significativo de inmigrantes en Japón, y aún así los japoneses están cometiendo un auto-genocidio sin que se oiga lamento alguno.

Mark Steyn
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Suponga por un momento que el nacimiento en Belén que los cristianos celebran esta semana nunca tuvo lugar. Que es, como los secularistas aseguran, mera superstición, un cliché, un mito. En otras palabras, no piense en él como un hecho real sino como una fábula. Si usted quisiera organizar un nuevo movimiento mundial partiendo de la nada, ¿qué emplearía?

El nacimiento de un niño.

Si el cristianismo es simplemente un mito, entonces es, por así decir, uno concebido inmaculadamente. Por un lado, ¿qué podría estar más indefenso que un recién nacido? Por otro, sin un recién nacido, el hombre está en última instancia indefenso. Porque, sin nuevas vidas, no puede haber civilización, ni sociedad, ni nada.

"El mundo ha colapsado", anuncia un locutor de la BBC en una película. "Solamente quedan los soldados británicos". ¿Europa en 1940? No. 2027. Adaptado de la distópica novela de P.D. James, Hijos de los hombres fija la acción en un planeta en que la humanidad está sentenciada. Es decir, ya no puede reproducirse. Y se sorprendería de cuántas cosas más colapsan con la tasa de natalidad.

Puede que le sea difícil encontrar Hijos de los hombres en su cine habitual. Es una película de Navidad más propia de este año que Bad Santa 3 o The Santa Clause 8, pero parece que a Universal no le acaba de convencer y sólo le ha faltado destruir el negativo. En una crítica entusiasta en el Seattle Weekly, J. Hoberman observaba que "Universal puede que haya considerado Hijos de los hombres demasiado siniestra para las Navidades, pero se basa en una reverencia a la vida que algunos podrían llamar religiosa". De acuerdo, aún viviendo en los círculos ateos de Seattle, esa coletilla en la frase –"algunos podrían"– parece poco apropiada. Obviamente el cristianismo tiene "reverencia a la vida". También el judaísmo: todos esos "hijos de" que pueblan el Antiguo Testamento se remontan al mandamiento divino del creced y multiplicaos.

Las Navidades no son solamente un buen momento para que los cristianos sopesen la propuesta central de su fe –el bebé en el pesebre– sino para que los secularistas post-cristianos sopesen la propuesta central de la suya: que la religión es un montón de sandeces de vudú ridículo a las que cualquier persona verdaderamente racional ha de cerrar la puerta. El problema con esta opinión es que "el racionalismo" parece cada vez menos racional con cada año que pasa. He aquí tres titulares del último par de semanas:

  • Mohammed sobrepasa a Jorge en la lista de nombres más populares (Daily Telegraph, Londres)
  • La población de Japón a punto de caer en picado (BBC News)
  • El Islam vibra mientras la población de Rusia cae (Toronto Star)

En comparación con Estados Unidos, esas son tres sociedades muy seculares. En la práctica, Rusia pasó tres cuartos de siglo bajo el régimen más militarmente secular de todos: bajo el comunismo, el Estado era en sí mismo la religión aunque fuera una falsa, una quimera en presente de indicativo. Como resultado, los rusos abandonaron en mayor o menor medida la idea de procrear: los eslavos se encuentran en marcado declive poblacional y, si continúa la tendencia actual, Rusia tendrá una mayoría musulmana hacia el 2050. Y el ejército ruso será mayoritariamente musulmán hacia el 2015.

En la Europa occidental, el suicidio social no está tan avanzado, pero el simbolismo es aún así profundamente llamativo: "Jorge" no es solamente el nombre del presidente cowboy más odiado de Estados Unidos, sino del santo patrón de Gran Bretaña; la bandera nacional es la Cruz de San Jorge, sobre la que los ingleses navegaron a todo trapo para atacar a los mahometanos en aquellas largas Cruzadas. Ahora los mahometanos han logrado darles una buena paliza a los británicos, no mediante conquista, sino simplemente por desbordamiento. Mohammed también es el nombre de varón más popular en Bruselas, Ámsterdam y otras ciudades del continente.

Pero olvídese del Islam: en Europa hereda porque está ahí. No hay musulmanes o ningún otro grupo significativo de inmigrantes en Japón, y aún así los japoneses están cometiendo un auto-genocidio sin que se oiga lamento alguno. En declive poblacional neto ya, y la sociedad más geriátrica de la tierra, su descenso por la espiral de la muerte sólo va a acelerarse. Como informaba la BBC, "el desequilibrio está amenazando el futuro crecimiento económico e incrementando los temores sobre si el gobierno será capaz de financiar las pensiones. Pero el secretario jefe del gabinete, Yasuhisa Shiozaki, aseguró que 'es imposible que el sistema de pensiones colapse debido al declive en la tasa de natalidad, porque ajustaremos la cantidad de dinero dedicada a ello'."

Ah, claro, entonces vale. Pero, simplemente por puro interés intelectual, cuando "ajustas" la cantidad de dinero que dedicas al sistema de pensiones, ¿de qué bolsillos vas a "ajustarlo"? Las sociedades japonesa y europea intentan garantizar el futuro sobre árboles familiares invertidos en los que cuatro abuelos tienen un nieto. Por más diligentemente que se intente "ajustarlo", eso es insostenible.

¿Cuál es la respuesta? ¿La clonación? ¿La inteligencia artificial? Bien, he aquí otra noticia que puede que se le haya escapado en los últimos días. Sir David King, el consejero científico jefe del gobierno británico, ha presentado un puñado de informes sobre problemas que es probable que se planteen en los próximos 50 años. Entre ellos hay un estudio sobre "derechos robóticos". En pocas palabras, si los robots avanzan hasta alguna forma de consciencia, tendrán derecho a la seguridad social. El estado estará obligado a proporcionar "robo-sanidad", en palabras del informe, y sin duda también robo-pensiones y todo lo demás.

Estas son cuatro noticias que puede que usted ni siquiera haya visto, con todas las cosas importantes que suceden en el mundo, como Miss USA no siendo despedida por Donald Trump y Matt Damon despreciando a Dick Cheney. Sé que soy un peñazo a tiempo completo con esto de la demografía, como los lectores de mi nuevo y agorero libro sabrán, pero hasta a mí me echa para atrás ver la manera en que mi tesis se ve confirmada a diario desde algún punto del globo. Estas noticias forman parte de una sola, la mayor noticia de nuestro tiempo: la auto-extinción de la mayor parte del mundo desarrollado.

En embarazo de la Virgen María no es el único de los Evangelios. He aquí otro que lo precede, en Lucas 1,13:

Pero el Ángel le dijo: "No temas, Zacarías; tu súplica ha sido escuchada. Isabel, tu esposa, te dará un hijo al que llamarás Juan."

Zacarías se sorprende al descubrir su inminente paternidad, "porque yo soy anciano y mi esposa es de edad avanzada". Leyendo a Lucas, el alumbramiento de la virgen parece una extensión lógica de un milagro previo, el embarazo de la prima mayor de María. Para Mateo, el nacimiento de Jesús es el milagro. Lucas, médico, te deja con la impresión de que todo nacimiento –toda vida– es en cierto grado algo milagroso y concedido por Dios, aunque sólo sea porque sin él no puede haber mundo. La obligación de tener hijos puede ser una tontería teocrática muy represiva, pero es menos irracional que la auto-absorción secular de una Rusia, un Japón y una Europa en vías de extinción. Y, si el cristianismo es un cuento de hadas, es uno perfectamente construido, empezando por la decisión de establecer la divinidad de Cristo en el milagro de su nacimiento: como reza la canción, "el hombre vivirá por siempre gracias al Día de Navidad".

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